CARTAS AL DIRECTOR
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El escolta

Ayer por la tarde mamá no tenía que ir al Parlamento, y pudo venir al concierto. Comimos juntas y un rato antes de salir llamó a su escolta para que nos acompañara hasta el autobús. Todavía no me acostumbro a eso del escolta, no deja de ser extraño tener a alguien preocupándose de que no maten a mamá cuando sale a la calle. Le pregunté por su familia, a la que ha visto en Semana Santa porque mamá se fue unos días de vacaciones y él pudo aprovechar para ver a los suyos. Nunca sé si debo o no hablar con él, tal vez eso le puede distraer, pero no soy capaz de tener cerca a alguien que ya es como de la familia y no hablarle. Claro que la mayor parte del tiempo se mantiene a una distancia prudente y uno puede hasta olvidar que está ahí mismo.

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Nos dejó en el autobús vivitas y coleando, y quedamos en llamarle a la vuelta, antes de llegar, para que nos viniera a buscar.

El concierto no estuvo mal. Con eso de haberme puesto a estudiar tan mayor -tengo treinta y un años- a veces me traicionan los nervios y no me van los dedos como quisiera, pero tener a mamá sonriendo entre el público siempre ayuda. Para mamá sigo siendo 'su niña', y su derroche de amor de madre ayuda mucho a olvidar los fallos. Después de la merendola posterior al concierto volvimos a Pamplona y el escolta nos acompañó en esos trescientos metros que separan la Escuela de Música de casa.

Mi hermana de 10 años estaba leyendo en la cama, nos contó cosas del cole, de sus amigas. Es tan buena... Parece que cuando vio en el tablón de la jantoki (comedor escolar), donde normalmente ponen el menú, la fotocopia ampliada de la página de un periódico en el que salía mamá sólo pensó que era un poco extraño, y eso que la fotocopia ha estado tres días en el tablón, hasta que el papá de mi hermana ha ido al colegio -supongo que acompañado de su escolta, él es concejal- a pedir que lo quiten. El artículo hacía referencia a un suceso ocurrido en el Parlamento sobre el euskera, su madre no apoyaba las tesis de Batasuna ni de IU, y no había apoyado desde un comprometido voto en conciencia la reprobación al Gobierno regional sobre la política lingüística. En consecuencia, hasta su propio partido, el PSOE, le pedía la dimisión.

Por la noche, papá e hija dormían mientras mamá y yo charlábamos en la cocina. Mamá fregó los platos de la cena y después preparó, como cada noche, el almuerzo de mi hermanica. Hoy en el recreo tendrá un bollito con miel y otro con membrillo y queso, sin olvidar el pedacito de chocolate, la pequeña sorpresa. Mamá o papá la habrán llevado antes al cole, con alguno de los escoltas. Espero que hoy también sepan protegerles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 15 de abril de 2002.

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