Entrevista:JOSEP LLUÍS CAROD ROVIRA | SECRETARIO GENERAL DE ESQUERRA REPUBLICANA | ENTREVISTA

'Queremos llegar a la independencia de Cataluña por fases y pacíficamente'

Cortejada por socialistas y convergentes, Esquerra Republicana se ha convertido desde las autonómicas de 1999 en partido bisagra de la política catalana bajo la batuta de Josep Lluís Carod Rovira, nacido hace 49 años en Cambrils, en el corazón de la costa de Tarragona.

Pregunta. En lo que va de legislatura, Esquerra se ha movido por todos los escenarios: equidistancia, aproximación a CiU, aproximación al PSC y de nuevo equidistancia. ¿Tantos giros no dan la razón a los que les ven como un partido poco serio?

Respuesta. Ni CiU ni el PSC son modelos para hablar de coherencia. CiU ha pactado con el centro, la derecha y la izquierda española a cambio de muy poco. El PSC, como CiU, ha votado una cosa en Cataluña y otra en Madrid y se encuentra siempre entre la España y la pared. ERC ha tenido una norma clara: cualquier mayoría política hubiera sido mejor que la que tenemos. Es curioso, porque los dos grandes partidos nunca han de dar explicaciones, las piden a los demás.

'CiU, o se convierte en federalista o independentista, o se ha acabado, porque ya tiene lo que quería. Su discurso es como el del PP, pero con acento catalán'
'El terrorismo vasco es un factor de distorsión muy negativo en Cataluña y en el Estado español. La violencia de ETA ha sido nefasta, y también lo es la intransigencia del PP'
'Queremos ser ministros en Barcelona, no en Madrid, y eso implica tener Estado; pero no rechazamos estar en un Gobierno del Estado para un cambio de régimen'

P. ¿Ve más fácil aplicar su programa con Artur Mas o con Pasqual Maragall?

R. En estos momentos no hay indicios de que sea más fácil con uno que con otro. Y no hay que descartar un pacto entre CiU y el PSC. Esto no sería un Gobierno de salvación nacional, sino de salvación laboral: centenares de cargos de alto standing pactarían con el diablo antes que abandonar el Gobierno. Para nosotros, el escenario de Gobierno va vinculado a impulsar un nuevo marco institucional, un sistema de financiación que reduzca el déficit fiscal y capacidad de relación directa con Europa. El que quiera entenderse con nosotros sabrá que tendrá que ir por aquí. Y sería impensable que estuviéramos en un Gobierno favorable al Plan Hidrológico Nacional.

P. ¿Cómo lo está haciendo Maragall en la oposición?

R. La moción de censura fue una operación de gran rentabilidad mediática, aunque no la aprovechó suficientemente. Yo creo que el único proyecto que hace vibrar de verdad a Maragall es la idea de una España federal. Sería mejor primer ministro de una España federal que presidente de la Generalitat.

P. Usted dijo hace unos meses que CiU debería salir del Gobierno por higiene democrática. ¿Ya no lo cree?

R. Por higiene democrática no es bueno que Cataluña esté gobernada sólo por CiU o sólo por el PSC.

P. A pesar de todas las críticas, Pujol ha tenido siempre una autoridad en el mundo nacionalista más allá de CiU. ¿Qué pasará ahora con su relevo?

R. Esto se ha acabado. Una cosa es el Pujol demócrata, catalanista, antifranquista, preso de la dictadura, y otra lo que viene detrás, que es lo que da el perfil de CiU para los próximos años: una CiU más conservadora, cómoda con el PP, con prisas para acceder a unas carteras en Madrid y con un perfil nacional muy bajo. Esto cada vez tiene menos que ver con el catalanismo, y nadie puede garantizar que dentro de poco no confluya con el PP. El gran problema de CiU es que o se convierte en federalista o independentista o se ha acabado, porque lo que CiU quería ya lo tiene. Su discurso es exactamente el mismo que el del PP, pero con acento catalán.

P. El trasvase de votos de CiU a ERC es mínimo. ¿No sería más fácil si Esquerra no fuera un partido independentista?

R. Todas las encuestas dicen que la fuga de votos más importante de CiU es hacia ERC, que antes que nada es un partido democrático. La independencia debe verse como un objetivo estratégico y con una significación que hoy ya no es la que tenía en el siglo XIX. En el marco europeo y a través de un mecanismo democrático y pacífico esto significa capacidad de interlocución directa con Bruselas sin intermediarios.

P. ¿Para participar en las decisiones europeas es imprescindible la independencia?

R. Nosotros aceptamos fases intermedias hacia la independencia. Tenemos la propuesta del Estado libre asociado a España, como Baviera a Alemania. Bastaría con mirar alrededor: en Bélgica las regiones han llegado a presidir consejos de la UE con el ministro federal sentado al lado. Y Austria también contempla la posibilidad, como Alemania. Incluso Portugal, para Azores y Madeira, pasa la mano por la cara a España. Fraga lo dijo hace poco: más vale que el Estado español se contemple a sí mismo como un Estado plural antes de que algunos prefieran montarse la vida directamente en Europa.

P. Entonces, para usted el problema no es el Estado, sino este Estado. ¿Un Estado federal no resolvería el problema?

R. Si hubiera alguien que se quisiera federar con nosotros, sí; pero yo no conozco a nadie. El federalismo no se improvisa. Además, con todo el esfuerzo que esto comportaría, utopía por utopía, prefiero la independencia. El federalismo requiere a alguien con quien federarse y ganar dos batallas: una, aquí, y otra, allí.

P. ¿Es que la independencia no exigiría también convencer al resto de España?

R. Este país tiene que superar el complejo de Madrid. A mí no me importa tanto que la autodeterminación conste en la Constitución española como que lo haga en la conciencia de los ciudadanos. Si consta aquí, democráticamente es invencible.

P. Su reivindicación de independencia se da sin que se haya resuelto el problema del terrorismo en el País Vasco. ¿Cómo afecta a Cataluña?

R. Es un factor de distorsión muy negativo en Cataluña y en el Estado español. La violencia de ETA ha sido nefasta, y también lo es la intransigencia del PP. Sólo la negociación puede resolver las cosas. Por esto veo como una salvajada que el PSOE firmara el llamado pacto antiterrorista y ahora este intento de ilegalizar una fuerza política a partir del criterio de 50 diputados. Es una barbaridad que atenta contra el Estado de derecho.

P. ¿No se fía del PSOE?

R. Llegará un momento en que el PSOE se tendrá que decidir y nos deberá convencer de que otro modelo de Estado es posible. La tragedia es que la izquierda española quiera competir con la derecha en la defensa de la unidad de España. En los años 30 se abrió la puerta a una gran esperanza, que empezó con el Pacto de San Sebastián; es decir, con un acuerdo de los partidos democráticos de la periferia plurinacional del Estado con fuerzas políticas progresistas de ámbito estatal. ¿Por qué no un nuevo Pacto de San Sebastián y un Gobierno plural del Estado, que incorpore a las izquierdas de la periferia plurinacional?

P. Entonces, ¿no tiene ninguna reticencia conceptual a entrar en un Gobierno de Madrid?

R. Nosotros queremos que la gente tenga vocación de ser ministro en Barcelona, no en Madrid, y esto implica tener Estado. Ahora bien, si una presencia plural en el Gobierno del Estado para hacer de verdad un cambio de régimen implica la presencia de partidos de las distintas izquierdas nacionales del Estados, nosotros no rechazamos esta posibilidad. Pero no hablamos de tener cargos en Madrid, sino de pluralizar el Estado español en una fase que para otros sería definitiva y para nosotros sólo de transición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 13 de abril de 2002.