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Reportaje:

Los pelos del canciller

Schröder entabla un juicio por una información sobre el color de su cabello

Gerhard Schröder, canciller de uno de los países más ricos y poderosos, político curtido en mil batallas, de 58 años, acudió ayer a los tribunales, aunque sólo sea por persona interpuesta, es decir, su abogado, Michael Nesselhauf. La cuestión que se trató, en una vista oral que apenas duró diez minutos ante un juzgado de Hamburgo, fue si la pequeña agencia de prensa alemana DDP, perteneciente al grupo Kirch, para más señas, puede difundir una cita de la asesora de imagen Sabine Schwind de Egelstein. Esta señora es de la opinión que las dotes de convicción del canciller serían mayores si reconociera que se tiñe las canas en sus sienes.

DDP así lo difundió el pasado 23 de enero, a las 5.56 de la madrugada. La rápida protesta de la cancillería, ese mismo día, forzó una rectificación, ciertamente redactada con cierta mala uva por el director de la agencia, Bernd von Jutrczenka: 'El canciller Gerhard Schröder da importancia a la afirmación de que no se tiñe, ni se colorea el pelo. La afirmación de Egelstein (...), según el canciller, no es cierta, por lo cual rectificamos'.

Una asesora de imagen declaró a DDP que sus dotes de convicción mejorarían si reconociese que se tiñe

Ahí fue Troya: la cancillería le exigió a DDP no difundir más estas líneas. La agencia, de hecho, no ha vuelto a hacerlo. Pero tampoco quiere comprometerse judicialmente a ello, como único medio de comunicación alemán, tal y como se lo impuso el juzgado de Hamburgo en una disposición provisional del 31 de enero, so pena de una multa de 10.000 euros. Fue esta medida de fuerza la que estuvo sobre la mesa ayer, durante la vista oral.

Los argumentos, variopintos. Después de que los peluqueros del canciller afirmaran haber visto con sus propios ojos 'muchísimas canas' en la cabeza de su cliente, Michael Nesselhauf, el abogado, se mostró muy documentado ayer: aseguró que entre un 5% y un 6% de la población masculina, incluso mayor, mantiene de forma natural el color de su pelo, según un estudio de un conocido fabricante de champú.

El abogado de Schröder afirmó que es intolerable que un periodista difunda una cita cuyo contenido no sea cierto y luego ésta se rectifique como si de una broma se tratase. Según la legislación alemana, los comunicadores tienen la obligación de ser escrupulosos al máximo.

Invocar esta obligación en el caso de 'una nimia y secundaria afirmación' resulta del todo exagerado, replicó el abogado de la agencia, Klaus Sedelmeier. Por lo demás, ¿cómo hubieran debido hacer los periodistas para averiguar si la asesora de imagen dijo la verdad? 'No podemos preguntar al lobo, cual Caperucita: ¿por qué tienes un pelo tan oscuro?', señaló el defensor de la agencia. La sentencia de este singular juicio se espera para el 17 de mayo.

Lo cierto es que el canciller se ha tomado este asunto como un ataque a su credibilidad. La vista de ayer tuvo una gran cobertura informativa ya que muchos alemanes se preguntan qué le pasa a Schröder. ¿No tiene cosas más importantes de qué ocuparse?

'En un año electoral, esta afirmación, si se repite una y otra vez, puede ser de importancia', recordó ayer su abogado. Nesselhauf no se pronunció acerca de si el recurso a un juzgado repleto de cámaras de televisión no equivale más bien a un tiro que se sale por la culata. Pero lo cierto es que la oposición democristiana ha aprovechado el revuelo y uno de sus parlamentarios, Karl Josef Laumann, no ha tenido reparo en insinuar que un canciller que se maquilla los cabellos puede maquillar también las estadísticas. Los conservadores, además, sacaron a la calle la semana pasada su primer cartel electoral, y en él se ve un tríptico fotográfico de Edmund Stoiber, el candidato bávaro para batir al canciller, con un lema muy sencillo: 'Con carácter, auténtico, exitoso'. Stoiber, de 60 años, no tiene problemas. Su cabello es plateado, natural. Además, siempre está bronceado. No se sabe muy bien cómo lo consigue.

Otra explicación es que Schröder, sencillamente, está harto de que la prensa se meta con sus asuntos privados, con su mujer, con sus primas en el Este (algunas de ellas, en paro), con su media hermana (quien, junto a otros, ha demandado al Gobierno del canciller ante la Corte Constitucional por una disposición fiscal que, a su juicio, perjudica a los padres separados), con su pelo. Un hastío comprensible si no fuera porque el mismo Schröder, en el pasado, muchas veces ha propagado detalles de su vida privada que le convenían políticamente. O quizás se trate de un caso de simple vanidad humana de un político que cuida al máximo su vestuario y su aspecto físico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de abril de 2002