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El Vaticano anuncia un rito para la cremación de cadáveres

La Iglesia católica es consciente de que la cremación de los cadáveres está superando ampliamente al viejo rito de la inhumación y enterramiento, más acorde con la tradición cristiana, y 'está estudiando una plegaria que pueda ser pronunciada en ese momento', declaró ayer el cardenal Jorge A. Medina, prefecto de la Congregación del Culto en la presentación del Directorio de piedad popular y liturgia. El cardenal chileno, de 76 años, disipó cualquier duda sobre la fiabilidad del método crematorio para afrontar la vida eterna.

'Para la omnipotencia de Dios, resucitar una momia o unas cenizas no representa gran diferencia', dijo, después de debatir brevemente las escasas garantías de conservación de un cadáver que ofrecen los nichos e incluso la tierra. 'En diez años no queda ni un hueso'. También se declaró contrario a la costumbre de guardar las cenizas de los difuntos en los domicilios privados y abogó, más bien, por que sean esparcidas.

El nuevo directorio de liturgia intenta depurar el contenido de las devociones populares a la luz del Concilio Vaticano II y, además de la mención a la cremación, repasa los criterios de aceptación de los ritos que a menudo lindan con la superstición. Pero una vez establecida la primacía de la liturgia, la Iglesia católica no pretende renunciar a las devociones que constituyen 'un tesoro', subrayó el cardenal. Preguntado sobre cuáles son los criterios de diferenciación entre devoción popular válida y mera superstición, el cardenal reconoció que 'el peligro de la superstición subsiste siempre', pero 'no por ello debemos verla por todas partes'. 'Hay que tener en cuenta las distintas sensibilidades de los pueblos. No es igual la sensibilidad de un nórdico que la de un latinoamericano', añadió.

Agua bendita

El prelado recordó que los humanos 'no somos ángeles y, por lo tanto, necesitamos de ese contacto con lo humano', también en la manifestación de la fe. El cardenal citó, como ejemplos de devoción popular acorde con la liturgia y la doctrina, la costumbre de santa Teresa de Ávila de llevar siempre 'una botellita de agua bendita' e, incluso, 'besar todas las piedras de los Santos Lugares', como aseguró haber hecho él mismo en una visita a Jerusalén.

El secretario de la Congregación del Culto, Francesco Pio Tamburrino, explicó que la diferencia entre devoción y superstición radica en que 'el supersticioso atribuye un valor especial a un objeto y cree que éste tenga una fuerza intrínseca. Para el cristiano los objetos son importantes en la medida en que se refieren al misterio de Cristo'. El cardenal Medina reconoció la dificultad que encuentra la Iglesia para asimilar formas de la tradición antigua pagana que aún sobreviven ligadas a la liturgia cristiana en algunos países. 'Creo que la devoción popular es un tesoro para la Iglesia, pero que es necesario purificarla, evangelizarla, para descubrir lo que hay de cristiano'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de abril de 2002