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La ley sobre la eutanasia entra en vigor en Holanda con el 85% de la población a favor

La nueva norma mejora la supervisión de cada caso, encargada a una comisión especial

Holanda se convirtió ayer en el primer país del mundo que permite por ley la eutanasia, al entrar en vigor la norma que la regula. Reconocida por el Tribunal Supremo desde 1984 y despenalizada en 1994, la ayuda para morir ha evolucionado durante el último cuarto de siglo hasta presentarse ahora como una opción legal para los pacientes terminales sin convertir a los médicos en criminales. Con un 85% de la población a favor de la práctica, Wim Kok, primer ministro socialista, tachó de 'estupidez' la crítica de quienes afirman que los médicos tienen ya licencia para matar.

Si bien cerca de la mitad de los médicos de cabecera holandeses admite haber practicado la eutanasia alguna vez, la entrada en vigor de la ley servirá para mejorar la supervisión de todos los casos, tarea encomendada a una comisión especial. Ésta deberá sancionar la legalidad de estas muertes, que serán comunicadas por los médicos en sus municipios. Sólo en caso de duda podrá remitirse la documentación al ministerio fiscal. A pesar de que la norma recién inaugurada ampara al médico, se mantiene la pena de cárcel de hasta 12 años si la ayuda al suicidio llegara a ser considerada ilegal por los tribunales. Las personas con depresión o que no deseen seguir viviendo por padecer una dolencia incurable no podrán acogerse a la eutanasia.

Para evitar ser demandados, los médicos deberán asegurarse de que el sufrimiento del paciente desahuciado sea insoportable y no haya forma de aliviarlo. Una vez que el enfermo efectúe su petición de eutanasia 'voluntaria y meditada', el médico tendrá que consultar a un colega. Esta segunda opinión es indispensable puesto que sólo el facultativo, y no el propio paciente o su familia, podrá administrar la medicación adecuada para morir. La ley incluye dos apartados especiales dedicados a los menores de edad y a las personas incapacitadas para hablar con el médico. Los primeros sólo podrán tomar la decisión de morir cuando alcancen entre 16 y 17 años y la opinión de sus padres será tenida en cuenta. Entre los 12 y los 16 años, sólo el consentimiento de los progenitores permitirá dicha práctica. Las peticiones escritas de eutanasia, por ejemplo en un testamento, servirán para enfermos en coma o incapacitados que hubieran expresado esa voluntad.

'Aunque resulte paradójico, la regularización de la eutanasia permite a los enfermos confiar plenamente en su médico y, muchas veces, alarga sus vidas. Saben que les ayudarán al final y eso les da fuerzas para seguir viviendo', según Martine Cornelisse, psicóloga de la Asociación holandesa para la Eutanasia Voluntaria.

Los cuidados paliativos, con un mejor uso de medicamentos contra el dolor y la atención individualizada, han cobrado también mayor protagonismo desde 1997. En Holanda hay 25 asociaciones médicas dedicadas a ampliar los conocimientos de los facultativos sobre la ayuda aconsejada para los enfermos que ven rechazada su solicitud de eutanasia.

La Comisión de derechos Humanos de Naciones Unidas teme, por el contrario, que la entrada en vigor de la ley convierta en rutina el hecho de morir. 'Puede que el médico se insensibilice y acabe por trivializar algo tan excepcional y delicado', en palabras de Eckart Klein, el experto que ha estudiado el caso holandés.

Para la Conferencia Episcopal, el mayor peligro de la eutanasia es la posible presión ejercida sobre enfermos considerados como una carga para sus familiares. Y el Comité Internacional AntiEutanasia piensa que la ley transforma 'un crimen en una forma de tratamiento'.

Aunque la Asociación nacional para la Eutanasia Voluntaria pide incluso una 'pastilla para el suicidio' para todos los ancianos que 'decidan marchar', pocos países han avanzado tanto en este terreno como Holanda.

En la avanzadilla está Bélgica, donde el Senado votó en octubre pasado a favor de una futura ley de la eutanasia. En Francia, el ministro de Sanidad, Bernard Kouchner, fundador de Médicos sin Fronteras, es partidario de legislar la práctica. En el Reino Unido, la sentencia que acaba de autorizar a una paciente paralizada a que rechace el tratamiento que la mantiene con vida ha reavivado la polémica. Otra británica que también ha pedido la eutanasia, Diane Pretty, está pendiente de la resolución del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, después de que la Cámara de los Lores le negara el derecho al suicidio asistido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de abril de 2002