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CRÓNICA

El Barça doma al Galatasaray

A los azulgrana les alcanzó un gol de Luis Enrique para batir a los turcos en su inexpugnable campo y alcanzar los cuartos

El Barça logró anoche en Estambul un mes más de paz. Treinta días para serenar al club, para olvidar las amenazas de destitución de Rexach, para soñar con Europa porque, con la Liga muy difícil, es lo que parece más accesible. Con un gol de Luis Enrique, el Barça burló la catástrofe a la que parecía abocada toda la institución.

GALATASARAY 0| BARCELONA 1

Galatasaray: Mondragón; Pérez (Capone, m. 80), Emre Asik, Korkmaz, Ergun; Fleurquin, Ayhan Akman (Radu, m. 62); Berkant, Arif Erdem (Suat, m. 75), Hasan Sas; y Umit Karan. Barcelona: Bonano; Puyol, Christanval, Abelardo, Coco; Gabri, Xavi, Rochemback; Luis Enrique (Reiziger, m. 87); Kluivert y Overmars (Motta, m. 82). Gol: 0-1. M. 57. Jugada de ataque azulgrana con remates de Overmars y Rochemback, Mondragón falla en el rechace y Luis Enrique, llegando desde atrás, marca. Árbitro: Rene Temmnink (Holanda). Mostró la tarjeta amarilla a Bonano, Radu y Luis Enrique, que, por acumulación de amonestaciones, no podrá jugar el próximo partido de la competición. Última jornada de la segunda fase de la Liga de Campeones. Lleno en el estadio Ali Sami Yen: más de 25.000 espectadores. El Barcelona estrenó una tercera indumentaria: camiseta azul marino y pantalón rojo, y se clasificó para los cuartos de final, como primero del Grupo B, junto al Liverpool.

Al límite del abismo, los azulgrana lograron el pase a cuartos con una victoria que evitó mirar el resultado de Anfield porque el Liverpool se sacó de encima al Roma con un 2-0. El empate le bastaba al Galatasaray y, en cambio, pecó de una miopía clamorosa. Pero anoche el Barça, agarrado a la perfecta dirección de Xavi y a la destreza de Kluivert, socavó toda la moral del equipo turco, que sólo aguantó la primera media hora y se resignó a su suerte en medio de cánticos.

 

El árbitro silbó el final, Kluivert alzó los brazos y Rexach cerró los puños en señal de victoria. El Barça acabó primero de grupo y jugará la vuelta de cuartos en el Camp Nou. La victoria supone una inyección de moral inmensa para el vestuario y el propio entrenador. No deja de ser curiosa la paradoja de que Fabio Capello, el candidato preferido por la directiva para sustituirle, quedara ayer eliminado. Pero este equipo es así: capaz de cuajar una triste semana con empates ante el Liverpool y el Madrid, y de ganar ayer por primera vez fuera de casa en dos meses. La última vez ocurrió en Tenerife y a Charly, casualmente, también le iba el cargo.

 

Ni el Ali Sami Yen fue un infierno ni el Galatasaray tan fiero. Por mucho que no perdiera en Europa desde hacía dos años, aunque la estadística oculta que tampoco ganó ni al Liverpool ni al Roma. El Barça, muy temeroso, tampoco engañó a nadie: le iba la vida en el partido y alineó a tres centrales (entre ellos a Abelardo, que sustituyó al enfermo Frank de Boer) y dos carrileros. Sólo se quedó Kluivert en punta y Overmars, que ganó su pulso a Saviola por jugar, saltó para imprimir velocidad en los contragolpes. El Galatasaray salió con la furia temida y puso en el arranque en más de un apuro a la improvisada zaga azulgrana, que se estrenaba este año. Pese a todo, fue el Barça el que tuvo la posibilidad de marcar en una jugada cómica entre Kluivert y Overmars.

 

Pero se trató de un espejismo porque, a partir de ese momento, el Galatasaray tuvo el partido en sus manos al encadenar, uno tras otro, cinco remates de gol ante la pasividad del Barça. Primero Erdem se coló entre los centrales y obligó a Bonano a detener el balón en dos tiempos. La tragedia sobrevoló el banquillo azulgrana porque el Liverpool marcó su primer gol. Fue sólo el primer aviso: Rochemback, desde muy lejos, lanzó una falta que estuvo a punto de transformar y propició un contragolpe que pudo ser letal. Abelardo, en un error de bulto, se equivocó en un pase a Christanval y Erden no marcó a portería vacía. Hasan Sas, el volante izquierdo, se paseó como quiso por la banda ante los fallos de concentración de la zaga. Emre y Fleurquin pudieron marcar de cabeza a centros suyos. E incluso él mismo estuvo a un paso de hacerlo, pero Bonano tapó bien.

 

Desconcertado, el Barça pareció superado porque no podía despegarse de la presión turca y el único recurso eran las asistencias de Xavi a Rochemback y a Overmars para lanzar contraataques, que casi siempre acabaron en nada. Pero en una jugada tonta empezó a renacer: Ergün perdió un balón en el área y Luis Enrique estuvo a un paso de cazarlo. El error dejó mudo al Ali Sami Yen, que temió lo peor. El Galatasaray se quedó lívido y el Barça empezó a serenarse, a tener el balón y a dar la sensación de dominar más el encuentro, si bien nunca se estiró porque sólo Xavi, en el disparo de una falta, tuvo la ocasión de marcar.

 

Agotado por el esfuerzo y presa de los nervios, el Galatasaray se desesperó por su escaso olfato. Todo lo contrario de lo que le sucedió al Barça. Dio el golpe en el momento justo. Quedaba media hora y Overmars se llevó el balón por la banda y chutó desde la frontal. La pelota salió repelida hasta los pies de Rochemback, que lo volvió a probar. Y Mondragón cometió un error fatal: dejó la pelota suelta para que Luis Enrique la empujara con suspense hasta la red. El Barça celebró tanto el gol que estuvo a punto de costarle caro: Umit Karan pudo empatar, pero Coco salvó el empate en la línea de gol.

 

Pero no cundió el pánico. El Galatasaray se fue en tromba al ataque y Xavi se impuso en la medular como un gigante tirando de contraataque. El marcador se quedó corto porque el Barça dispuso de dos ocasiones más por lo menos. La agonía se extendió hasta el final porque el Liverpool ganaba por 2-0 y el empate le bastaba al Galatasaray. Pero dio la impresión de que hubiera podido jugar toda la noche sin ver puerta. El Barça, mientras, se dedicó a congelar el balón, a permitir que pasaran los minutos, para que el club celebrara con estruendo la clasificación por primera vez en dos años. Algunos hablarán de la flor de Charly. Y él quizá prefiera referirse, como hizo anteayer, al juego de la oca: ha ganado un mes de vida de ronda en ronda en la Liga de Campeones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de marzo de 2002