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Desde el Pacífico

Nueva querella entre antiguos y modernos

Para evitar la piratería, la industria del ocio quiere poner trabas al desarrollo de la industria tecnológica

HOLLYWOOD Y SILICON VALLEY se enfrentaron el 28 de febrero en una comisión del Senado que estudia fortalecer drásticamente la protección de la propiedad intelectual. Lo que está en juego, según los actores, es elegir entre arruinar la industria del espectáculo o paralizar la capacidad de innovación tecnológica.

La comisión parece convencida de que se cierne una amenaza sobre la economía de EE UU. De hecho, entre 300.000 y 500.000 filmes (www.viant.com) estarían siendo copiados cada día por la red. El senador Ernest Hollings, presidente de la comisión, propone una ley que obligue a colocar una marca invisible en los productos que hayan adquirido los derechos y colocar en la computadora un mecanismo que impida la lectura de cualquier CD, DVD o video que no tenga dicha marca.

El senador Hollings pide colocar una señal en los productos, y en la computadora un mecanismo que impida la lectura de cualquier CD, DVD o vídeo que no tenga la señal

'Las compañías de ocio quieren vetar cualquier tecnología que pueda usarse para copias ilegales, aunque la tecnología sea totalmente legal'

El texto de Hollings prohíbe la creación, venta y distribución de 'cualquier aparato digital interactivo que no incluya y utilice tecnologías certificadas de seguridad'. Michael Eisner, presidente de Disney, afirmó: 'Estamos lidiando con una industria cuya estrategia no explícita es que la aplicación triunfadora es la piratería'. Advirtió que el posible fin de la industria del espectáculo tendría un impacto catastrófico en el empleo.

Le apoyó Hilary Rosen, presidenta de la Recording Industry Association of America (RIAA), que atribuye la caída de venta de discos a que el 23% de los consumidores 'no compran música porque pueden copiarla'.

La victoria de RIAA sobre Napster ha tenido poco efecto. El total de usuarios de Morpheus, Kazaa y Grokster -quienes utilizan técnicas similares- ha superado al de Napster en su época de esplendor. Además sus programas permiten intercambiar imágenes y películas.

Los fabricantes de discos atacaron a la distribución y fracasaron. Ahora los estudios de cine intentan controlar el consumo. Pero se enfrentan a un adversario importante. La industria informática 'pesa' mucho más hoy. Así lo hizo ver, el vicepresidente de Intel, Leslie Vadasz quien dijo: 'Por favor, no se metan con la dinámica de la industria tecnológica; causaría daños irreparables'. Y añadió: 'El enfoque del debate no debe ser la protección del contenido sino la del consumidor'.

Es la primera vez que los dirigentes informáticos entran en la batalla sobre protección de propiedad intelectual. Tienen dos buenas razones para ello: el intercambio de archivos es una fuente considerable de ingresos (máquinas más poderosas, discos duros mayores y freidores de CD); y, si Hollywood logra colocar en cada aparato un mecanismo que le convenga, serían en última instancia los productores de cine quienes decidirían qué es una computadora.

Silicon Valley detesta dicha idea y Dan Gillmor, cronista tecnológico del Mercury News, dice: 'Las compañías de entretenimiento quieren control absoluto. Quieren vetar cualquier tecnología que pudiera ser usada para hacer copias digitales no autorizadas, aunque dicha tecnología tenga usos perfectamente legales'. Quieren transformar a las PCs en lectores -costosos- de DVD.

La batalla iniciada con la escaramuza entre Napster y las discográficas está a punto de convertirse en nueva querella de antiguos y modernos. ¿Cómo asegurar a la vez la remuneración de los artistas y creadores de contenido y permitir que los consumidores gocen a sus anchas de las distintas tecnologías? La respuesta definirá el funcionamiento de espacios culturales de vital importancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de marzo de 2002