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Teatro público y subvención escénica

Promover una situación de desencuentro y crisis constante es un recurso conocido en situaciones de transición, aplicado por quienes dudan de la posibilidad de ejercer su representación social por la vía de la razón pactada. Estas actitudes con frecuencia se mueven en el campo de una conducta que muestra dos rostros diferentes según la conveniencia de las circunstancias, pues mientras por un lado se administra la subvención por el otro se denuncia al mismo tiempo el supuesto abandono de la Administración autonómica.

La situación de las artes escénicas en la Comunidad Valenciana no es de penuria y miseria, pese a que voces singulares pretendan difundir una interesada imagen negativa. Resulta indudable e indiscutible que gracias a una política cultural de intercambio permanente con el sector profesional de los creadores y de las empresas escénicas se ha recorrido un intenso proceso desde 1995, cuyos principales resultados se muestran en la calidad artística de las producciones valencianas, el amplio tejido profesional generado por la inversión pública y privada, el carácter permanente de la exhibición de espectáculos que se ofrece en ciudades y pueblos de nuestra Comunidad, la regularidad de la producción escénica, y, en definitiva, el importante número de empresas y profesionales que viven de su trabajo cada temporada teatral.

Esta política cultural ha hecho posible que por medio de un sistema mixto de convergencia de la iniciativa pública con la privada existan espacios de creación privada con vocación de realizar un servicio público y un ente público de gestión escénica con algunos criterios de resultados muy cercanos al del sector privado. Este proceso de mejora permanente y fortalecimiento del sector no se ha realizado a lo largo de un único ejercicio presupuestario ni tampoco con medidas aplicadas en un solo año, sino con la permanente y demostrada voluntad por parte de los gestores de la Administración autonómica de destinar más recursos e iniciativas más ambiciosas a la creación en el mundo del teatro y de la danza. Y con esa misma perspectiva se han elaborado unos presupuestos de Teatres de la Generalitat Valenciana para 2002, en el marco solidario del presupuesto de la Conselleria de Cultura i Educació, cuya aprobación depende en última instancia de las Cortes Valencianas.

El ciudadano debe saber que en la Comunidad Valenciana se destinan importantes recursos financieros de carácter público para subvencionar el sector escénico, con ayudas que oscilan entre un máximo de 60 millones y un mínimo de millón y medio por compañía. La dotación presupuestaria de 1995 de 115 millones se duplicó en 1999, y en la actualidad supera la cantidad que la Comunidad de Madrid destina a las ayudas al sector, por citar un ejemplo comparativo, y también supera con notable diferencia las subvenciones que la Generalitat concede a los sectores profesionales de la música y el audiovisual. Para 2002 la propuesta del presupuesto en este apartado aplica, para mantener la línea ascendente, un incremento del 18%.

Idéntica línea de incremento permanente se ha producido durante este período de tiempo en la dotación presupuestaria del Circuit Teatral Valencià, una red de exhibición que la Generalitat comparte con los ayuntamientos para ofrecer regularmente teatro y danza en las salas municipales. La dotación financiera que se propone a este objetivo en 2002 significa un incremento del 14% del presupuesto del 2001 y un importante aumento en relación a los 60 millones que Teatres invertía en 1995. En colaboración muy estimable con la Administración local, esta partida presupuestaria también ha colaborado año tras año a consolidar un tejido artístico y profesional muy apreciado dentro y fuera de nuestra realidad cultural. Igualmente los incrementos situados entre el 33% y el 12,5% en el presupuesto de los festivales anuales que Teatres promueve para 2002 con algunos Ayuntamientos, colabora en la consolidación de un panorama escénico lleno de esperanza y riesgo.

Pero la realidad de los números y los presupuestos no es el único marco en el que se puede colocar la tarea imprescindible que desde Teatres se realiza para gestionar un bien cultural de interés público. El fomento de la creación de los profesionales valencianos, la promoción del ocio y el entretenimiento escénico entre los ciudadanos espectadores, el desarrollo de unos valores artísticos comprometidos con la innovación y la cultura propia, el compromiso de afianzar el patrimonio cultural valenciano constituyen aspectos fundamentales de una gestión que se debate con regularidad en el seno de un Consejo Rector donde el sector profesional tiene la presencia solicitada en las dos últimas legislaturas. Buscando más el consenso que la confrontación, dando prioridad a la colaboración sobre la imposición, es como se ha llegado a una realidad cultural en la que la actividad escénica goza de nuevo de un apoyo social con unos índices de recuperación muy estimulantes. En la última temporada teatral el Principal de Valencia ha doblado su media de ocupación de espectadores por función, y un incremento apreciable también se ha registrado en otros espacios públicos de las tres capitales provinciales y en las salas municipales del Circuit. La producción pública con tres obras de teatro y danza en gira y otras tres en fase de producción, junto a diversas iniciativas de coproducción, marcan la decisión de aplicar sin demora una línea de actuación que tendrá en el futuro Instituto de las Artes Escénicas una ordenación administrativa más adecuada que la que en la actualidad posee.

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Exigir a la Administración autonómica la solución de unos problemas que son comunes, cuando se está participando desde hace tiempo en las decisiones que a menudo resuelven esos problemas, es cuanto menos una actitud desconcertante y desleal. Entre otras consecuencias esa presión genera una desconfianza social, aleja nuevos colaboradores y oculta una realidad, que no es tan sombría como se pretende presentar. El teatro y la danza valencianos poseen calidad, prestigio y público en estos años por la calidad de buena parte de sus protagonistas y por la acertada colaboración que presta la Generalitat Valenciana. Si a este panorama se le quiere describir como de penuria económica y se reclama para el sector los recursos que Teatres como organismo público no dispone, se está aplicando, una vez más, una regla con varias medidas. Mientras en el ámbito de la sanidad y la educación se está atento para denunciar síntomas de privatización, en el ámbito de la cultura escénica no importa promover el descrédito de la gestión pública porque se considera, erróneamente, que es la vía más eficaz para incrementar la dotación del sector privado.

Jaime Millás es director artístico de Teatres de la Generalitat Valenciana.

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