Crítica:Crítica
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Luz que se apaga

La recuperación de la narrativa centroeuropea de entreguerras ha dado últimamente con varios hallazgos especialmente felices, a los que hay que sumar la presente novela. Después de medianoche es una crónica excepcionalmente lúcida e inspirada de los años de consolidación del régimen nazi, aparte de una precoz denuncia del hundimiento de un pueblo en la barbarie. Mientras muchos compañeros de profesión se dedicaban a la novela histórica, escritoras como Irmgard Keun (Berlín, 1920-Colonia, 1982), Veza Canetti o Anna Seghers describieron en sus novelas el espantoso día a día del Tercer Reich. El precio que pagaron fue el silenciamiento sistemático, mantenido también después de 1945; la obra de Keun no se 'redescubrió' en Alemania hasta los años ochenta.

DESPUÉS DE MEDIANOCHE

Irmgard Keun Traducción de Carmen Gauger Minúscula. Barcelona, 2001 162 páginas. 11,42 euros

Ésta, su cuarta novela, se publicó en Amsterdam, en 1937, en la famosa editorial del exilio alemán Querido, y relata unos días en la vida de la joven Susanne Moder, una chica de pueblo trasladada a la gran ciudad. Mientras observa aturdida el aquelarre que se desata con motivo de un desfile en honor del Führer en Francfort -magnífico cuadro de la histeria colectiva durante la visita de Hitler en mayo de 1935-, recuerda en largos flash-backs los últimos tres años de su juventud, envenenada por el nazismo que contamina la existencia de todas las personas a su alrededor: su padre reniega del hijo, su tía la denuncia a la Gestapo, su hermano se convierte en escritor alineado y su novio va la cárcel. 'Vivimos, en efecto, en la época del gran Movimiento Delator Alemán. Todos tienen que vigilarlos a todos, todos tienen poder sobre todos. Todos pueden mandarlos a prisión a todos. Pocos pueden resistir la tentación de ejercer ese poder. Se han despertado los más nobles instintos del pueblo alemán y se los cuida celosamente'.

Son los ojos de la muchacha que lo observan todo, y con este recurso sencillo resuelve la autora espléndidamente la trama y el tono de la novela, marcados por la plasticidad y la frescura del lenguaje juvenil: 'Un sobre se abre y se saca de él una cosa que muerde o que pica, aunque no es un animal. Hoy ha llegado una carta así de Franz', empieza la novela provocativamente. Irmgard Keun implanta la candidez propia de la edad de la protagonista con la agudeza corrosiva y el humor satírico de una mente alerta y burlona, que se pronuncia a través de los otros personajes del libro: la cuñada pasional, la tía siniestra y Heini, el cínico escritor vedado -un agridulce retrato de Joseph Roth, con quien Keun estaba unida sentimentalmente en esta época-. A ese desgarrado personaje le corresponden, por cierto, pasajes inusualmente brillantes, como cuando Heini advierte a un amigo judío contra su sentimentalidad ante la muerte de la niña que debía entregarle el ramo de flores a Hitler: 'Breslauer, conozco su noble carácter, (...) y su inteligencia entre insípida y sentimental. Esa niña de cinco años, esa pobre criaturita, dentro de tres años y gracias al Stürmer habría alcanzado un alto grado de desarrollo, le habría gritado a usted por las calles '¡largo, largo!' y lo habría denunciado por brutal intento de violación'.

Irmgard Keun escribió la mayor parte de su obra antes de los 40 años. En el momento de redactar Después de medianoche contaba 25 y ya era una escritora célebre tras el éxito de La chica de seda artificial (1931). La experiencia del exilio, que compartió con Roth, su vuelta clandestina a Alemania en plena guerra, cuando estaba condenada a muerte -había que tener algo más que coraje para esta vuelta-, truncaron su vida y su obra. Después de medianoche refleja ese arrojo de Irmgard Keun, que protagonizó varios de los tremendos incidentes descritos en la novela. Impacta esa autenticidad, pero sobre todo la inteligencia argumentativa y la chispa maravillosa con que está escrita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 16 de enero de 2002.

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