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Una agresión

La plaza del Fossar de les Moreres es un espacio público que contiene el Memorial en recuerdo a los barceloneses que resistieron a los ejércitos de Felipe V en 1714.

El Memorial 1714 consiste en una incisión practicada en un brillante frontispicio de granito rojo que, a manera de atril, contiene la dedicatoria de Serafí Pitarra: 'Als màrtirs de 1714; al Fossar de les Moreres no s'hi enterra cap traïdor, fins perdent nostres banderes serà l'urna de l'honor'. Esta inscripción de 30 metros de longitud se desarrolla en el límite de la plaza con la calle de Santa Maria, y consolida una lápida funeraria en el desnivel entre una y otra.

En el ámbito interno de la plaza, una concavidad poligonal de ladrillo esculpida en surcos longitudinales que resaltan las líneas de luz y de sombra, recoge y define la tumba común.

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En la base de la lápida, una luz lineal enciende el color rojizo del conjunto del vaso, símbolo de la sangre derramada.

El verde tierno de las moreras plantadas en el lado este del recinto representa la vida y contrasta con el rojo del ladrillo de la tumba, más permeable, casi de tierra.

Este hueco rojo, este receptáculo vacío de elementos pero lleno de significados simboliza la presencia de la ausencia de los muertos por Cataluña. La sublimación del vacío, la conmemoración de la ausencia, es lo que constituye el Memorial.

El Fossar de les Moreres es una plaza y un monumento a la vez. Es un espacio público con un alto valor simbólico flanqueado por la magnificencia de la basílica de Santa Maria del Mar.

El pebetero es una agresión física y conceptual al Memorial 1714. No permite el libre paso por el recinto, impide el recorrido a lo largo del muro conmemorativo y dificulta la lectura de la inscripción. Su presencia desmesurada intenta competir con Santa Maria del Mar.

Los vecinos pierden un lugar de encuentro donde las actividades habituales, pasear, ir en bicicleta, jugar a la pelota, quedan negadas. La tensa armonía del espacio se transforma en protagonismo excluyente. Los múltiples niveles de significado de un lugar histórico de Ciutat Vella como el Fossar quedan reducidos a la única función de mausoleo.

El arte del siglo XX ha recuperado el valor de la abstracción, a veces más difícil de entender que la figuración más relacionada con nuestro propio cuerpo. Rothko, Tàpies y Chillida nos han enseñado a recuperar el valor del vacío.

La dignificación de los paramentos tanto de la plaza de Santa María como de las viviendas de las otras tres fachadas han dignificado el espacio público. Una plaza no es sólo un pavimento. Una vez acabada la obra apareció el vacío en toda su rotundidad, y el vacío es difícil de soportar. La idea del pebetero debía emerger para consolar esta ausencia. Pero la impotencia de su presencia lo confirma como innecesario.

Carme Fiol es la arquitecta que realizó el proyecto original de la plaza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de diciembre de 2001.

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