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NOTICIAS Y RODAJES

Uribe rueda un cuento para sus hijas

'El viaje de Carol' narra el descubrimiento de la España de la guerra civil por una niña americana

Todo parece sacado de un cuento. Verde, brillante y boscoso. Un pueblo imaginario del norte es escenario de un viaje, el de una niña de 11 años, Carol, que llega por primera vez a España con su madre, en la primavera de 1938, procedente de Estados Unidos. Carol es rebelde, algo masculina, muy directa. En el pueblo despierta al amor y descubre el mundo de los adultos. Ella, que idealiza a su padre americano, aviador en las Brigadas Internacionales, se topa con una familia materna de derechas, falangista, cobarde, en una situación convulsa y desconocida para ella.

Es El viaje de Carol, el cuento que Imanol Uribe se imagina que narra para sus dos hijas, Andrea, de nueve años, y Ainhoa, de 24, y que rueda en unos jardines frondosos en el pueblo cántabro de Liérganes. 'Siempre me ha apetecido hacer una película para niños, pero no me veía haciendo un filme al estilo americano. Quería algo especial, dirigido también a los mayores. He visto crecer a mi hija Andrea y esto es un regalo para ella. La película tiene formalmente el aspecto de un cuento. Mi intención es la de contar un cuento a mis hijas, con esa diferencia de edad'.

El viaje de Carol le permite también a Uribe dar su visión de la guerra civil. 'Me doy cuenta de que tengo mucha apetencia por remontarme en el pasado. En el caso de esta película, la guerra civil es sólo el trasfondo, pero me viene bien que sea este conflicto, porque no quiero olvidar..., no quiero olvidar quiénes fueron los buenos y los malos y lo que pasó. Creo que en estos momentos está bien que en España se recuerde quiénes fueron los buenos y los malos. Me fascina. No pretendo ser didáctico, mis ambiciones son más modestas, pero, a una escala pequeña, es una manera de transmitirle a mi hija pequeña una visión sobre determinadas circunstancias y hechos de la historia', afirma Uribe, al mismo tiempo que recibe la llamada de Andrea, para advertirle de su llegada y de que se había hecho unas cuantas perforaciones más en la oreja.

Un guión bajado del cielo

El viaje de Carol, una producción de Aiete-Ariane Films y Sogecine, con un presupuesto de unos 460 millones de pesetas, llegó como bajado del cielo a la productora de Uribe y Andrés Santana. 'Del 90% de los guiones que nos llegan a la productora no pasamos de la página 3. Con el que me envió Ángel García Roldán me enganché enseguida', asegura el director, que no es capaz de ocultar su entusiasmo con la historia que narra. 'El guión original estaba ambientado en Castilla, que encontré muy duro, por eso me lo he traído al norte, donde todo es muy húmedo, brillante, verde. Todo, desde la fotografía hasta la decoración, lo hemos tratado como en un cuento', asegura Uribe, poco antes de que una decena de niños, vestidos de época, muy veraniegos a pesar de las bajas temperaturas, le saluden cariñosos.

Entre ellos, destaca Carol, personaje interpretado por Clara Lago, un niña madrileña de 11 años. Junto a Clara Lago, alborotan, entre otros, Juan José Ballesta (el niño de El Bola), Daniel Retuerto y Andrés de la Cruz. Los papeles de adultos en el filme, unos personajes muy emblemáticos, dibujados a pinceladas gruesas pero intensas, están interpretados por María Barranco -madre de la niña-, Álvaro de Luna -abuelo-, Rosa María Sardá -amiga de la familia- y Carmelo Gómez -tío de Carol-.

Ese día, todos celebran el cumpleaños de Carol en el jardín. Las guirnaldas colgadas de los árboles y dos mesas preparadas con rosquillas, vasos de naranjada, pasteles y regalos medio envueltos dan ambiente de fiesta. Los niños juegan a la gallinita ciega. 'Gritad, divertíos de verdad, cuanta más bulla montéis, mejor', les animan el director de casting, Carlos Manzanares, y el ayudante de dirección, Walter Prieto, antes de rodar la escena. Hay una niña, Carol, que está pendiente de la puerta. Espera a sus amigos del pueblo, esos que vienen endomingados y esperan un poco azorados la señal de su amiga para entrar. Entre ellos, llega Tomiche (Juan José Ballesta), un chico avispado y travieso con el que Carol descubre su primer amor. Pero lo mejor de la fiesta está por llegar. Cuando rodeada de su abuelo y de la amiga de la familia, Carol se dispone a soplar las velas, un ruido en el cielo le cambia la expresión de los ojos. Sabe que es su padre, ese hombre idealizado y deseado, que le arroja desde un avión de las Brigadas Internacionales un paquetito en un paracaídas rojo.

Juan José Ballesta se ha quedado con Bola, el nombre con el que interpretó al niño maltratado en el filme El Bola, de Achero Mañas, y con el que inició su carrera meteórica en el cine. Uribe tuvo claro desde un principio que Tomiche tenía que ser Ballesta. El papel le va que ni escrito para él. Un chico despierto, de ojos achinados y sonrisa fácil, que le gusta meterse en el río, perseguir lagartijas y cazar. Algo que sorprende a una chica como Carol, educada en un ambiente urbano y exquisito, tan opuesto. 'Al principio le odio, porque mata pájaros, pero luego voy adivinando que le quiero', explica locuaz y segura Clara Lago. Ballesta opta por otro concepto: 'Es un chico bueno, un poco travieso, que descubre que le gusta esa chica y está deseando besarla'.

Y paseando entre los niños, elegante y sabio, está el abuelo, Álvaro de Luna, quien confiesa estar viviendo su año de lotería, tras 40 en la profesión, con personajes de gran entidad. 'Tengo dudas, mucha inseguridad, cada vez más', confiesa este gran actor de 65 años. Está encantado con ser el abuelo de Carol, un cacique cobarde y acomodaticio al que su nieta le hace enfrentarse a su cobardía, que le enseña que en la vida uno no se debe callar ante todo. 'Descubre en su nieta a una niña introvertida, muy suya, valiente y que planta cara a los adultos', asegura el actor.

Todos en El viaje de Carol recorren con esta niña un camino lleno de sorpresas, desgarrado, vital e inolvidable.

Una mirada arrebatadora

Uribe sabe ahora que la búsqueda inicial de la niña protagonista del filme, que está presente todos los días de rodaje, fue errónea. 'Al contactar con la historia me obsesionó la idea de que la niña tenía que ser anglosajona y luego actriz. Nos dimos cuenta de que el acento no era tan importante y buscamos a la actriz'. Y vaya si la ha encontrado. Clara Lago, de 11 años, no sólo tiene una arrebatadora mirada, también una seguridad y una gran madurez a la hora de explicar las vicisitudes del personaje de Carol, su decepción con su abuelo o la idealización del padre. Todo, unido a una dulzura y una sonrisa deliciosa. Es todo un bombazo, opinan todos en el rodaje. Y viéndola actuar, sólo con la mirada, apenas unas palabras, confirma esta opinión. Estudiante en el colegio público de Los Ángeles, en Madrid, Clara Lago, que trabajó en la serie de televisión Compañeros, dice que no le gusta estudiar, pero que lo hace porque si no se agobia mucho. 'Es que me preocupo si no lo hago', explica entornando un poco los ojos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de diciembre de 2001

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