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LA CRISIS ARGENTINA

El fantasma de la confiscación de ahorros

Argentina logró ayer evitar el pánico. Fue la primera jornada de las 90 hábiles en las que los argentinos no podrán retirar más de 250 pesos (42.000 pesetas) por semana y el país no sólo logró evitar el caos sino también conseguir un leve respiro. La Bolsa de Buenos Aires llegó a avanzar un 5% a media sesión y el repunte del mercado suramericano amortiguó las pérdidas de la Bolsa española, que al cierre retrocedió sólo un 0,69%. A pesar de la tranquilidad, los argentinos se enfrentan a muchos problemas con las restricciones que el Gobierno les ha impuesto para evitar la bancarrota del sistema bancario. El fantasma de la confiscación de ahorros y la devaluación no se aparta de la mente de los argentinos.

Es difícil que a algún argentino no se le haya cruzado por la cabeza el viernes o ayer la imagen del ex ministro

de Economía Antonio Erman González. Este hombre, mano derecha del ex presidente Menem, también ex ministro de Trabajo y de Defensa y hoy detenido y procesado por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, se dirigió a los argentinos en la Nochevieja de 1989, un sábado, para decirles que desde el lunes 2 de enero, la mayor parte de sus ahorros se transformarían forzosamente en bonos de deuda pública.

La medida, conocida como plan bonex, se recuerda como uno de los más grandes atropellos a la propiedad de los argentinos en la historia del país. Argentina se paralizó por seis días, 144 horas en las que los bancos cerraron y en las que hubo desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos porque los comerciantes no sabían a qué precio vender. Aunque el plan lo anunció González, la mayoría de los expertos y ciudadanos de Argentina atribuyeron la idea a Domingo Cavallo, que sucedió a González poco después y que hoy es ministro de Economía con otro gobierno.

El plan bonex no consiguió aplacar la crisis del país y provocó que la gente perdiese dinero, puesto que estos bonos se reembolsaron a precio de un mercado en franco declive. El plan se puso en marcha en circunstancias parecidas a las de ahora, tras varios días en que fue imposible evitar que los argentinos corrieran a los bancos para sacar su dinero. Había entonces hiperinflación y no había paridad en el tipo de cambio. Tampoco existía una ley que impidiera este tipo de confiscaciones como la que se aprobó en agosto pasado. A pesar de las garantías de que un plan bonex nunca se repetirá, en Argentina nadie se fía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de diciembre de 2001