Entrevista:PEDRO SANTISTEBAN | Dirigente histórico de CCOO, procesado en el 1001

'Pensar que hay un sindicalismo vasco sólo para parte de la población es reaccionario'

'Dos años, ocho meses, 21 días y 17 horas'. Con esa precisión de cronometrador recuerda Pedro Santisteban (Gallarta, 1944) el tiempo que pasó en las cárceles de Franco tras ser condenado en el Proceso 1001, el histórico juicio a diez sindicalistas de CCOO, entre ellos sus principales dirigentes. Ya en democracia, fue el primer secretario de la federación estatal del Metal de Comisiones. Toda la vida de este trabajador de Babcock & Wilcox, empresa de la que se prejubiló en 1996, ha estado ligada a la lucha por la clase obrera.

Pregunta. ¿Cuál es su reflexión sobre la historia del sindicato, especialmente en Euskadi, desde el 1001 hasta hoy?

Respuesta. Desde los años 66-67, que ya teníamos presencia real en el movimiento obrero de la Margen Izquierda y algunos sectores del Alto Nervión y Guipúzcoa, creo que el sindicalismo de Comisiones Obreras ha supuesto una referencia importante entre los trabajadores vascos, sobre todo, su visión de la vivencia dentro del sindicato de diversas formas de pensar. Diría con cierta tristeza que no se ha reflejado en la realidad esa intensa lucha que los trabajadores vascos hicimos de forma unitaria en etapas difíciles de la transición. En la actualidad, en Euskadi si no estás adscrito a una cierta mayoría ideológica no puedes hacer sindicalismo porque eres considerado de otro planeta. Los trabajadores tenemos las mismas condiciones negativas y positivas en todos los lugares, un trabajador no tiene fronteras. Pensar que hay un sindicalismo sólo para una parte de la población es una visión reaccionaria. Creo que CCOO ha supuesto en parte esa capacidad de romper con el esquematismo que se da en la sociedad vasca.

'La izquierda es la pasión de la vida, la locura necesaria para poder vivir'
'Defender las libertades en Euskadi es defender la conciencia de clase

P. CCOO ganó en Euskadi las primeras elecciones sindicales. Luego fue rebasada por ELA y hasta ahora. ¿A qué lo atribuye?

R. Hay una cierta ideología en Euskadi que lleva mecánicamente a la población a decir que si no está uno de acuerdo con ella, no puede participar de nada, y hacer ver que no ha habido historia del movimiento obrero en Euskadi. Y quizá sea de las historias más ricas de todo el Estado. Esa visión reduccionista ha vendido a los trabajadores que si no estás en el sindicato nacionalista estás fuera de Euskadi y ha sido fácil manipular ese factor.

P. ¿Cómo concibe el trabajo sindical en un marco socioeconómico radicalmente nuevo?

R. A la clase obrera no nos son extraños los cambios tecnológicos. Pero en este momento el capital especulativo ha reducido la tecnología a un mero uso sin participación de los ciudadanos. Y ante eso los trabajadores quizá tenemos un impasse negativo desde hace 10 o 12 años. ¿Es necesario el mismo sindicalismo que en los años 40 y 50 cuando las condiciones eran difíciles? Pues sí, porque las condiciones han vuelto a ser difíciles y no, porque ya no es la misma clase obrera. No existe una negación entre avance tecnológico y trabajo sindical, se conjuntan. Los mayores avances tecnológicos con las mismas jornadas de trabajo suponen una acumulación de capital en menos manos y menor participación de los trabajadores. Existe una contradicción a la que hay que responder: cómo con el avance tecnológico hay trabajadores con 14 horas de jornada. La acción de los sindicatos tiene que ir en ese sentido.

P. ¿Sigue así existiendo la lucha de clases?

R. La lucha de clases existe pues cada vez hay sectores más proletarizados. Cuando uno está asalariado por cuenta de otro al final tienes las condiciones de clase a flote. No hay contradicción entre tecnología avanzada y trabajador con conciencia de clase. ¿Qué significa la conciencia de clase? Un proceso democrático más avanzado a todos los niveles.

P. Usted que luchó contra el fascismo bajo la dictadura, ¿cuál cree que debe ser el trabajo de un sindicato frente al fascismo etarra?

R. Sobre todo, defender a los trabajadores y a la sociedad, dotar a la clase trabajadora de una conciencia democrática que impida que la visión terrorista pueda tener peso en la sociedad. Nadie en ninguna circunstancia tiene derecho a quitarle la vida a nadie. La sociedad no puede aceptar que grupos minoritarios decidan sobre la vida de los demás. He sido un militante contra el terrorismo desde los primeros años y lo he expresado en todas las plazas públicas de Euskadi.

P. ¿En una situación como la actual en el País Vasco, ha de primar más en el trabajo de una central el discurso de defensa de las libertades o el del trabajo sindical clásico?

R. Es que van en conjunto, no se fraccionan. Si defiendes las libertades potencias el sindicalismo, lo prestigias. Aquí hay sindicatos con una gran presencia de delegados que en la práctica hacen un sindicalismo corporativo, sin ver el fondo de los problemas de la clase obrera en su conjunto. No existe dicotomía. Si defiendes las libertades es que tienes conciencia de clase, defender las libertades es defender la conciencia de clase.

P. ¿Qué relación deben mantener con los sindicatos nacionalistas?

R. Tiene que ser fluida, dado que representan a trabajadores. Los trabajadores de ELA quizá no tengan la culpa de la visión de su dirección. Hay que ir a los trabajadores. Con las direcciones, una relación normalizada. No es así desde la visión de los sindicatos nacionalistas, que permanentemente tienen una tendencia agresiva contra los sindicatos de clase. Si los sindicatos nacionalistas no cambian su discurso llegará un momento en que se verán desbordados, porque no va a haber en el futuro un marco exclusivo de relaciones del País Vasco. No hay una frontera entre los trabajadores. Yo nací en la Margen Izquierda de la Ría, donde la lucha era por los derechos sindicales más profundos, y no ví a ningún sindicato nacionalista.

P. ¿La sociedad española y sus instituciones han reconocido el trabajo y la memoria de los sindicalistas históricos?

R. Creo que incluso estamos en retroceso. En la epoca del PSOE se nos reconoció la aportación que habíamos hecho. Hoy los sindicatos no están de moda para los dirigentes del país, y los militantes históricos mucho menos. Les es ajeno, en buena parte porque a su base social la combatimos en la dictadura. Cuando dicen que son del centro reformista me entra una risa loca. Ha habido intentos muy serios de subsumir en la historia nuestra presencia activa y en parte se ha consolidado porque la clase trabajadora no tiene la misma capacidad mediática que otros sectores. Si pervivimos es en la memoria de los ciudadanos normales y entre todos los trabajadores.

P. ¿Cuál es ahora su trabajo sindical?

R. Ninguno. Soy un ciudadano prejubilado. No tengo ningún cargo. Estoy con CCOO por pasión. Desde 1965, cuando mi difunto padre me dijo 'las cosas se mueven, nos reunimos en las iglesias', mi vida ha estado ligada a Comisiones. He sentido la pasión del sindicato porque rompía con muchos moldes del pasado, porque tenía una visión abierta de la sociedad. Y lo sigue siendo hoy. Vivo la izquierda con pasión porque significa la vida, la izquierda es la pasión de la vida, la locura necesaria para poder vivir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 17 de noviembre de 2001.

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