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Tribuna:EL DEFENSOR DEL LECTOR
Tribuna
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A la búlgara...

Objetividad. Es frecuente formular esta exigencia a los periodistas y lanzarles reproches por supuestas ausencias de este tópico, tan usual para definir un inaprensible valor profesional.

Hace once años años, Fernando Savater, en su libro Humanismo impenitente, sin referirse al periodismo, aportó la mejor pista para desmontar esa extendida creencia con una 'guasa' muy sutil de José Bergamín: 'Si me hubieran hecho objeto sería objetivo. Pero como me hicieron sujeto, soy subjetivo'.

Dado que a los periodistas los han hecho y escriben como sujetos son, ineludiblemente, subjetivos.

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La crónica -el género más abundante que el lector encuentra en el periódico- es un híbrido donde caben casi todas las formas de expresión periodística. Tiene contenido esencialmete informativo, pero el periodista subraya, acentúa, describe, valora, incorpora datos de su acervo cultural para componer un cuadro que al lector le resulte más atractivo y para intentar que la información sea más completa e inteligible.

Con esos mimbres, el cesto de la crónica ofrece serios peligros. ¿Dónde están los límites de un continente que acoge casi todo? No hay manual que resuelva la pregunta y, como casi siempre, hay que recurrir al caso concreto y analizarlo.

El 29 de octubre pasado se publicó una crónica sobre el Congreso extraordinario de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), en el que se aprobó la federación con Unió Democràtica de Catalunya (UDC), con el que conforman Convergència i Unió (CiU). Se tituló Convergència aprueba federarse con Unió Democrática en un congreso 'a la búlgara'.

En la entradilla de esa crónica se informaba que la propuesta de federación consiguió 'una votación envidiable: el 99,7% a favor y el 0,23% de abstenciones'.

Para resaltar el estupor ante esta pétrea unanimidad, F. Valls y J. Garriga, firmantes de la crónica, escribieron que los resultados se asemejaban 'a las grandes unanimidades que cosechaba Todor Zhivkov en los congresos del Partido Comunista Búlgaro allá por las décadas de 1960 y 1970'.

Más adelante el texto insistía sobre lo insólito de la votación: 'No hubo ni un solo voto en contra, como en las épocas de apogeo de las tesis sobre los países de soberanía limitada en la Europa que vivía bajo la férula de la extinta URSS'.

Un lector telefoneó al defensor desde Francfort y, tras asegurar que ni pertenecía ni simpatizaba con ninguno de los dos partidos políticos aludidos, manifestó su discrepancia con el texto por entender que sobrepasaba los límites informativos y desfiguraba hasta el ridículo lo ocurrido en el congreso de CDC.

Valls, primer firmante de la crónica, ha admitido de muy buen grado que hubo una 'excesiva insistencia' al intentar subrayar lo anómalo de la votación.

Valls ha explicado al Defensor que, incluso varios de los militantes que asistieron al congreso bromeaban, en privado, sobre una votación tan abrumadora y recordaban que UDC tuvo un 16% de discrepantes ante la misma propuesta federativa.

Curiosamente, el Libro de estilo del periódico pone como ejemplo una sesión parlamentaria en la extinta Unión Soviética que podría ser reflejada, dice, con párrafos textuales de quienes hayan intervenido, mientras que una crónica sobre esa misma sesión 'explica las expresiones, las enmarca en un contexto, las evalúa, refleja las sorpresas y describe el ambiente'.

Sin duda, ése fue el propósito de la crónica sobre el congreso extraordinario del partido de Jordi Pujol, pero la insistencia en la comparación soviética, -con la carga peyorativa que supone y el odioso recuerdo que provoca- parece un exceso que va mucho más allá de la mera interpretación, de la evaluación de lo ocurrido o del intento, legítimo, de hacerle ver al lector lo extraordinario de los resultados que se consiguieron.

Sin nada mejor que hacer

En esa misma frontera tan imprecisa de la valoración y del intento de dar colorido a una noticia, algo muy distinto y en apariencia más trivial, pero que está sujeto a las mismas normas que el resto del periódico: una pequeña crónica publicada en la sección Gente el 24 de octubre sobre la salida de la clínica del torero Jesulín de Ubrique.

Clara Ortega Ayala se dirigió al Defensor para protestar porque se contaba que el diestro abandonó el hospital 'acosado por más de 30 reporteros gráficos que le esperaban y por una legión de señoras que, aburridas y sin nada mejor que hacer, le aplaudieron...'.

¿Estamos ante una simple valoración del periodista? ¿En qué datos puede apoyarse la afirmación de que aquellas señoras no tenían cosa mejor que hacer?

La 'legión' de fotógrafos muestra más bien que el interés informativo era mayúsculo, incluso resultó digno de atención para el propio periódico, que recogió el momento y lo ilustró con una fotografía.

Carece de sentido el tono despectivo para las mujeres que decidieron acudir hasta allí, o que se encontraban en el lugar por cualquier otra circunstancia, porque la afirmación sobre las ocupaciones de las asistentes no se apoya más que en una presunción gratuita, sin una declaración de alguna de ellas que la sustentase y pudiera haber legitimado el tono desdeñoso hacia las admiradoras del torero.

Daniel Gil, autor del texto, reconoce que la frase supone 'prejuzgar' los motivos que llevaron hasta la clínica a aquellas mujeres y que resulta poco afortunada.

El delantero negro

El miércoles día 31, en la sección de Deportes, Daniel Borasteros contó la peripecia de Zizi Roberts, futbolista del Olimpiakos, detenido cuando acudió a cobrar un talón bancario, en vísperas del partido con el Deportivo de La Coruña, y que resultó ser un talón robado.

El futbolista fue puesto en libertad después de que un juez entendiese que 'había sido una víctima y no un delincuente'. El talón se lo había entregado el presidente de otro club, donde jugó anteriormente, para saldar una deuda contractual.

En el texto se contaba que Roberts es liberiano y, en un momento dado, se escribió. 'Al delantero negro...'.

Martí Balcells se ha dirigido al Defensor para quejarse por lo que entiende una expresión racista e invoca el Libro de estilo para recordar que 'el color de la piel o el grupo étnico sólo se debe especificar si es un factor importante para entender la noticia'. En su opinión, no es éste el caso.

Borasteros ha explicado que incluyó el dato pensando que con ello subrayaba una cualidad de la víctima que podía explicar mejor el intento de estafa de que fue objeto y hasta su detención inmediata.

Sin más aclaraciones que la mención a la raza del futbolista el lector tiene serias razones para juzgarla innecesaria.

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.

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