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Moscú admite que el tratado antimisiles es una reliquia del pasado

El ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, asumió por primera vez en público parte de los argumentos de EE UU sobre el carácter anticuado del tratado contra misiles balísticos (ABM), durante la jornada de trabajo que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, mantuvo ayer en Moscú. Rumsfeld, que estuvo ocho horas en Moscú antes de partir de gira hacia Tayikistán, Uzbekistán, Pakistán e India, se entrevistó también con el presidente Vladímir Putin, quien se mostró satisfecho de los progresos en el diálogo bilateral en temas militares y de seguridad.

Seguéi Ivanóv reforzó ayer la impresión de que EE UU y Rusia llegarán a un compromiso en materia de 'estabilidad estratégica' durante la cumbre que Putin y Bush celebrarán en Washington y Tejas entre el 13 y el 15 de noviembre. 'El tratado ABM es importante, pero no es el único componente de la estabilidad estratégica', señaló el titular de Defensa ruso. 'A menudo nos dicen que el tratado ABM ha envejecido irremisiblemente y que es un residuo de la guerra fria', continuó. 'En parte, subrayo, en parte, estoy de acuerdo con esto, pero antes de derogar uno u otro acuerdo (...) creemos que es mejor hacerlo cuando se haya creado algo nuevo a cambio', puntualizó Ivanov. 'Hasta cierto punto, todos los acuerdos armamentísticos entre Washington y Moscú y la OTAN son residuos de la guerra fría', dijo Ivanov.

Rusia y EE UU parecen dispuestos a buscar una solución que permita a Washington continuar con sus experimentos para crear su escudo antimisiles y que a la vez satisfaga el deseo ruso de no abandonar el ABM. Rusia ha venido insistiendo en que este documento, que data de 1972, es la piedra angular de la estabilidad estratégica, pero ahora parece haber rebajado la importancia que le atribuye. Rumsfeld se negó ayer a dar detalles sobre eventuales avances en el tema del escudo nacional antimisiles y dijo que los presidentes 'querrán anunciar cosas'. Rusia quiere también conseguir una reducción sustancial de las cabezas nucleares, que actualmente suman más de 6.000 unidades por cada país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de noviembre de 2001