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Tribuna:

La innovación es la clave

La coyuntura internacional con la guerra declarada al terrorismo plantea, indudablemente, una situación de riesgo para los intercambios. Los ataques del día 11 de septiembre ya han tenido un serio impacto en los sectores directamente afectados, tales como el turismo, viajes, ocio, y no tan sólo en los Estados Unidos. Estos hechos por sí solos tendrán repercusiones mundiales. El crecimiento será más lento en el comercio y en el mercado mundial.

Pero las cuestiones más importantes se proyectan a medio plazo. El crecimiento de la economía mundial en los años 90 fue protagonizado por la expansión del comercio, flujos financieros dentro de períodos de relativa estabilidad, el fin de la guerra fría y la paz. Si ese clima ha cambiado ahora drásticamente, entonces las perspectiva a medio plazo será probablemente más pesimista.

El ascenso de la llamada nueva economía en los años 90 reflejó un cambio en los negocios alejándose de las reducciones de costos, y priorizando la reingeniería hacia la innovación y la creación de valor añadido. Pero el empuje creativo puede debilitarse al tener que dedicar más recursos a seguridad y defensa que a innovación, porque los ataques del 11 de septiembre han marcado el fin definitivo de los 90, una década de entusiasmo. Contagioso y casi ingenuo y en cierta manera, una etapa muy superficial. Ahora nuestra actitud hacia el futuro y la globalización se muestra más pesimista y llena de nubarrones. A largo plazo esta situación puede ser positiva, porque las empresas y los gobiernos tendrán que reconocer que la globalización requiere esfuerzos cívicos y políticos para hacerla legítima y exitosa. Pero a medio plazo la perspectiva es mucho más incierta.

Y a pesar de esta coyuntura las empresas, especialmente las de pequeña y medidiana dimensión deben participar de ese proceso de internacionalización en una economía globalizada, por lo que es fundamental para todas las regiones, sociedades, compañías e incluso individuos saber cómo sacar el mayor provecho de su know-how, ideas y habilidades distintivas. En una economía más abierta y globalizada es cada vez más difícil para las regiones de Europa y Estados Unidos el basar su competitividad en el acceso a la mano de obra barata, materias primas o tecnología. Todos estos instrumentos están disponibles en mejores situaciones de competitividad en otras muchas zonas. Por ello, las regiones tienen que basar su competitividad en recursos que sean difíciles de copiar para sus competidores. Estos recursos pueden ser naturales, tales como una bella costa natural, pero es igual de probable que sean culturales e intelectuales. Los más valiosos activos para la economía moderna están en las mentes, no en la tierra. Eso no quiere decir que las ideas y la cultura por sí solas sean suficientes para mantener la competitividad. Lo que importa es cómo estos activos intelectuales y culturales intangibles se combinan con el dinero, las personas y los lugares para crear servicios que den valor. Las economías exitosas son especialmente hábiles en llevar adelante esta combinación dinámica.

Y ante la saturación cada día mayor de los mercados existen fórmulas que garanticen los procesos de comercialización de sus productos. Esa fórmula pasa obligatoriamente por la innovación constante dirigida a mejorar los productos, encontrar nuevas ideas y romper las fronteras de los negocios. Es por esto que la clave está en la innovación y no en el recorte de costos, con el fin de crear nuevos procesos, productos, servicios e incluso industrias enteras.

Y en el apoyo a la exportación a la apertura de nuevos mercados creo que la clave para todos los países es construir su 'base de conocimiento' a través de la educación, entrenamiento e inversión en la gente, familia y comunidades. Y luego ayudar a dicha gente a explotar sus talentos e ideas por completo. El abrir nuevos mercados es muy importante, pero tan importante como construir marcas reconocidas y reputación por ofrecer productos y servicios innovadores y de calidad.

Una lección que debemos tener en cuenta, producto de actitudes llevadas a cabo desde décadas, ha sido la protagonizada por comunidades como la valenciana, que pueden acelerar su desarrollo económico y reclamar un lugar en la economía globalizada porque están basadas en la fuerza, en la cultura, en habilidades y conocimiento locales que son demandados en el mercado mundial pero a la vez difíciles de imitar por sus competidores. En toda Europa y los Estados Unidos la 'Ciudad' y la 'Región' se están convirtiendo en el foco vital de la competitividad porque es a ese nivel que las conexiones institucionales y sociales pueden actuar de forma más eficaz entre la gente, las ideas y el dinero.

Por todos estos motivos, las nuevas tecnologías pueden dar acceso a toda clase de nuevos mercados, clientes y contactos; especialmente para las empresas más pequeñas que ahora pueden acceder a los mercados internacionales mucho más rápido. Por supuesto que esto también se aplica a los competidores externos de España. Y toda esta evidencia demuestra que los clientes pueden investigar nuevos productos y servicios a través de Internet pero el mantener encuentros y reuniones cara a cara es todavía muy importante. Es necesario tener en cuenta que los negocios modernos, especialmente los pequeños, que son la mayoría, existen en un mundo en el que tienen que competir y colaborar. El éxito de una economía como la valenciana depende en parte de la habilidad del Gobierno y de los sectores sociales y de los negocios, de trabajar juntos para sacar el mayor provecho de sus habilidades y fuerzas conjuntas. El combinar los negocios para resolver necesidades comunes, formar una red, relaciones con escuelas, universidades, etc... es vital para construir la estrategia que combine los recursos de forma creativa y dinámica. En este contexto, acciones como la del Ivex, facilitando un foro, un encuentro empresarial y ayudar a internacionalizar las estructuras se conforma como muy útil y necesario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de octubre de 2001