OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Sobre el patriotismo

Lamento que Antonio Oliver Martí, en una réplica a un artículo mío del 10 de octubre, haya hecho una interpretación errónea en la que me atribuye afirmaciones que nunca hice. Descartada la mala fe, creo que el error procede de una cierta confusión producto, quizá, de una lectura apresurada de mi texto. En contra de lo que indica, en ningún momento se dice ni que la efervescencia social sea 'deseable' ni que la cohesión social sea 'necesaria' (más bien sugiero lo contrario con la última frase de mi texto), ni que el patriotismo constitucional produzca ni la una ni la otra. Tampoco 'cito' a Habermas, sino que indico genéricamente que el concepto de 'patriotismo constitucional' tiene como referente sus aportaciones. Yerra también en calificar de 'durkheimiana' la anomia, ya que ni Durkheim inventó el término ni la anomia se puede adjetivar de esa manera.

Como muy bien explica en su texto, la idea de patriotismo constitucional se opone tanto a los comunitaristas como a los neoliberales más radicales en la medida en que aboga por la noción de 'ciudadanía' como elemento articulador de la sociedad. El nacionalismo cívico se suele estructurar alrededor de la noción de ciudadanía. A diferencia del nacionalismo étnico, el cívico es abierto, voluntarista, basado en características adquiridas, y fundamentado en la soberanía del individuo-ciudadano, no del grupo (nación). Sólo puede basarse en la ciudadanía y por eso es típico de sociedades de inmigrantes, como la estadounidense. Para ser ciudadano no se precisa tener un color determinado de piel, una religión particular, pertenecer a una etnia concreta etc. Estas características primordiales suelen articular otro tipo de nacionalismos que se oponen al cívico y al patriotismo constitucional.

Todo grupo humano suele desarrollar algún tipo de simbología que lo identifica frente a otros grupos. Y es aquí donde creo que el señor Oliver se confunde. 'También' el nacionalismo cívico avanza su propia simbología que no está reñida con la noción de ciudadanía, porque esos símbolos (la constitución entre ellos) no son privativos de ningún grupo sino comunes a los ciudadanos, con el matiz que hice en el texto original. El caso estadounidense muestra que la exhibición de estos símbolos es un acto de afirmación de un grupo plural, diverso, aunque con los mismos derechos constitucionales porque son ciudadanos de un estado. La simbología del patriotismo constitucional o del nacionalismo cívico, a diferencia del étnico, expresa una identidad colectiva basada en convenciones jurídicas que respetan la pluralidad cultural del colectivo. Por ello se puede ser 'patriota de la constitución' o 'nacionalista cívico' y desarrollar un sentimiento de pertenencia a un colectivo cuyo fundamento es la ciudadanía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de octubre de 2001.