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49º FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

El filme de José Luis Guerin, 'Truly human' y 'Escape to Paradise', entre los favoritos

Cerró el concurso 'C'est la vie', visión dulce y consoladora de un centro de enfermos terminales

Una tosca película de terror y fantasmas de Hong Kong titulada Secreto visible y el buen melodrama francés C'est la vie, correctamente dirigido por Jean-Pierre Améris y maravillosamente interpretado por Jacques Dutronc y Sandrine Bonnaire, cerraron ayer la sección competitiva de esta edición del festival donostiarra. El concurso alcanzó una excelente altura media y hubo en él películas de gran radicalidad y belleza, sobre todo la española de José Luis Guerin En construcción, escoltada por otros filmes de presupuesto pobre y gran riqueza de estilo, como el danés Truly human y el suizo Escape to Paradise.

Nada hay qué decir de la pequeñez hongkonesa Secreto visible, que ni tiene secreto, ni es visible, ni pinta nada en un concurso de cine no especializado en terrores baratos. Sí, en cambio, hay que detenerse en C'est la vie, un sólido melodrama francés que no es nada del otro mundo en lo relativo a escritura y dirección, pero que funciona bien debido a la sutil tensión que crea en la pantalla el idilio -situado en el vidrioso y poco transitable filo de la muerte, pero sin embargo creíble y tocado por la delicadeza- entre Jacques Dutronc y Sandrine Bonnaire, que representan respectivamente, y con resonancias de alta escuela interpretativa, a un enfermo terminal que acude a morir a un centro de cuidados paliativos y a una voluntaria que trabaja en este centro dando ayuda y consuelo a gente inconsolable.

Gracias al primoroso encuentro que bordan, con las armas de alta precisión de un refinadísimo oficio, estos dos maravillosos intérpretes franceses, el filme, que de otra manera no habría superado la condición de lo sabido y casi lo rutinario, llega a conmover y alcanza con creces lo que evidentemente busca, que es capacidad consoladora. Podía fácilmente hacer caído C'est la vie en el obsceno gancho de la conversión en espectáculo del sufrimiento, pero la elegancia y la sabiduría que despliega el juego de dúo enamorado entre Sandrine Bonnaire y Jacques Dutronc impiden ese deslizamiento hacia la truculencia y presagian un posible justo premio de interpretación.

Este premio podría ir a las manos de cualquiera de los dos protagonistas de C'est la vie, e incluso a las de ambos conjuntamente, eso sí, con permiso de la española Pilar López de Ayala, protagonista de Juana la Loca, y de la estadounidense Glenn Close, protagonista de La seguridad de los objetos, que lo merecen tanto o más que Sandrine Bonaire; y del quinteto protagonista de Last orders, compuesto nada menos que por la eminente Helen Mirren y los viejos gigantes Michael Caine, Bob Hoskins, Tom Courtenay y David Hemmings, cinco grandes del cine británico cuyo simple nombre callaría, de oírse hoy en la lectura de lista de premiados, la boca de cualquier disidente.

Pero C'est la vie, Juana la Loca y Last orders no suenan hoy aquí como películas candidatas esta noche a la conquista de la Concha de Oro. No abundan este año entre los festivaleros y los informadores y críticos acreditados esas sonoras y rotundas quinielas que se dicen en estas vísperas con aires de apuesta a ganador seguro. La respuesta a la indagación ambiental de qué película ganará dentro de unas horas suele ser un gesto de arrugamiento y de perpleja ignorancia. Y se augura que hay pocas posibilidades de que el jurado, presidido por el cineasta francés Claude Chabrol, se atreva a coger el toro por los cuernos y afronte la verdadera altura intelectual y la singularidad artística de En construcción, el inmenso poema documento de José Luis Guerin, que es cine situado muy por encima del que ofrece el resto de las películas en concurso, pero que se sale de forma tan clara de los límites del pacto del celuloide convencional, que concederla, aun mereciéndolo, la Concha de Oro parece cosa tan justa como improbable.

Aunque con boca pequeña, suenan otros filmes que podrían llenar con buenos sucedáneos el vacío que crearía esta injusticia, si se cumple. Y el thriller australiano Lantana, la comedia danesa Truly human y el drama suizo Escape to Paradise parecen los mejor situados para beneficiarse de la condena a En construcción a volver a las cunetas de donde procede.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001