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ESCÁNDALO FINANCIERO

El plan para ascender a Gescartera exigía que la ONCE tomase el 25% de la empresa matriz

El Ministerio de Economía recibió una propuesta que no incluía todas las condiciones iniciales

Antonio Camacho se comprometió ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) a permitir que la ONCE asumiese el 25% de la sociedad matriz de sus empresas, Gescartera Holding, a cambio de que se le autorizase el ascenso a agencia de valores. La ONCE también entraba con un 10% en Gescartera Dinero. Así lo confirmó ayer en el Congreso Juan Fernández-Armesto, presidente del organismo cuando se aprobó recomendar al Gobierno ese ascenso. La propuesta que recibió Economía y a la que dio su visto bueno dos meses después no contenía, sin embargo, la primera exigencia.

Para explicar la aparente incongruencia de que el mismo día, 13 de julio de 2000, el consejo de la CNMV aprobase al mismo tiempo una sanción a Gescartera y su ascenso a agencia de valores, lo que le permitía trabajar con más libertad en los mercados financieros, Fernández-Armesto recurrió a la ONCE. 'Se presentaba un proyecto empresarial totalmente nuevo: la ONCE entraría con un 33% del capital, un 10% directamente y, al tiempo, un 25% de la sociedad holding'. Gescartera estaba así destinada a acabar en la 'órbita' de la organización de ciegos y a convertirse en su agencia financiera, según el ex presidente del organismo.

Se trata de uno de los puntos que más controversia ha levantado en todo este escándalo. La CNMV bajo presidencia de Pilar Valiente siempre ha negado que esto fuese así. El organismo y su presidenta declararon en reiteradas ocasiones que el único requisito que se le exigió a Camacho fue que la Fundación ONCE tomase un 10% de Gescartera Dinero.

Para ello, Valiente siempre recurrió a la orden ministerial del 1 de septiembre de 2000, en la que el vicepresidente Rodrigo Rato, y por delegación el secretario de Estado de Economía, José Folgado, dieron el visto bueno a la conversión de Gescartera en agencia de valores bajo la única exigencia de que la ONCE tomase el 10%.

Pero las palabras de ayer de Fernández-Armesto revelan que inicialmente también se exigió el 25% en la sociedad matriz, y sugieren que el expediente perdió parte de las exigencias originales en el camino que va desde la CNMV al Ministerio de Hacienda, ya que, efectivamente, la orden ministerial sólo hace referencia al 10% de la ONCE. Armesto explicó ayer que no sabe por qué esto es así y que tras su salida de la CNMV en octubre de 2000 y la llegada de Valiente a la presidencia ya no supo si finalmente se cumplió o no la exigencia del 25%.

Tensión con Pujalte

Esta condición reapareció brevemente en enero de este año, de forma misteriosa, cuando Juan Carlos Basallote, director general de Entidades de la CNMV envió una carta a Antonio Camacho en la que le recordaba que esta condición del 25% no se había cumplido, y que sin ella no podía inscribir a Gescartera en el registro oficial de agencias de valores. De forma igual de misteriosa, seis días después, el mismo funcionario inscribió a Gescartera en el registro sin que mediase subsanación alguna.

Además de aportar todos estos datos, la comparecencia de ayer de Fernández-Armesto en la comisión de investigación, que se alargó unas seis horas, tuvo algún momento de tensión. El ex presidente de la CNMV, generalmente conocido por su amabilidad y maneras exquisitas, cambió el tono suave en el que había contestado a todos los grupos parlamentarios en las más de cinco horas que llevaba declarando y se encaró con el portavoz del PP, Vicente Martínez Pujalte:

-No estamos jugando con el mismo rasero. Le pediría a su señoría que plantee las preguntas desde un punto de vista de objetividad y no intentando aprovecharse de mi cansancio.

La pregunta de Martínez Pujalte que desató la queja de Fernández-Armesto incluyó una referencia a una contestación de David Vives el pasado miércoles, que era inexacta. Fernández-Armesto se dio cuenta y, tras protestar, pidió amparo al presidente de la comisión, Luis Mardones, que concedió un receso de diez minutos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001