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OPINIÓN DEL LECTOR

Los inmigrantes

Cuando el poeta Horacio decía 'aquellos que cruzan el mar cambian de cielo, pero de no alma', estaba dando, sin saberlo, un argumento a quienes, recelosos de la interculturalidad, se resisten a reconocer los derechos de los inmigrantes. Puesto que no pueden cambiar de alma, se dice (erróneamente), que tampoco de creencias. Sin embargo, se olvida que el alma es porosa y que absorbe una parte de aquello que la toca sensiblemente. Así, el inmigrante puede renunciar a una parte de su cultura y aceptar la del país que lo recibe si entiende que ganará algo (afectivo, espiritual o material) en el cambio. De ninguna manera se le puede pedir que abandone por completo el bagaje cultural que trae consigo y menos si es a costa de recibir rechazo o desprecio del país al que llega.

Ésa es una de las muchas razones que esgrimimos quienes pretendemos, en primaria y secundaria, que los alumnos hijos de la inmigración puedan recibir clases de la lengua y la cultura de la que proceden, por lo menos como crédito variable o como actividad extraescolar.

El curso pasado, en el IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet, nuestros alumnos magrebíes pudieron seguir clases de lengua y cultura árabe en horario extraescolar. Ahora nos alegra saber que una iniciativa similar va a extenderse por Cataluña y que, por un acuerdo entre el Ministerio de Educación y la Fundación Hassan II de Marruecos, 15 profesores marroquíes impartirán este curso clases de lengua y cultura árabe en algunos centros educativos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de septiembre de 2001