Cinco cubanos esperan sentencia tras el primer juicio por espionaje entre EE UU y Cuba

El proceso en Miami ha puesto en evidencia que la guerra fría sigue viva entre ambos países

Recientemente hubo otra muestra, estilo John Le Carré, que caracteriza las relaciones entre ambos lados del Estrecho de Florida. Los espías tuvieron que recurrir a un juez para que EE UU les permitiera, por primera vez, recibir la visita de diplomáticos cubanos, un derecho reconocido en el Convenio de Viena para cualquier ciudadano encarcelado fuera de su país. Los prisioneros de guerra están además en celdas de confinamiento solitario. Todo como de película, pero con elementos muchos más inquietantes en la realidad que vive el gueto cubano de Miami.

Los exiliados están convencidos de que la condena al cerebro de la Red Avispa, Gerardo Hernández, por conspirar para que aviones Mig cubanos derribaran en 1996 dos avionetas de Hermanos al Rescate matando a sus cuatro pilotos, es la 'prueba' que necesitaba el gobierno de EE UU para imputar criminalmente a Fidel Castro.

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No pasa una semana sin que traten de presionar a la Casa Blanca para que actúe en esa dirección. Hace algunos días, por ejemplo, José Basulto, director de Hermanos al Rescate, le escribió una carta al gobernador de Florida, Jeb Bush, pidiéndole que gestione una reunión con su hermano, el presidente Bush, porque le quieren llevar 100.000 firmas pro enjuiciamiento del presidente cubano.

También a raíz del veredicto de los espías, la línea de acción trazada por los ideólogos del exilio radical es la búsqueda internacional de un juez que encause a Castro por 'delitos de lesa humanidad'. La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) lidera la campaña y ya se ha gastado más de un millón de dólares (unos 200 millones de pesetas) en viajes a varios países donde existen, en su opinión, víctimas o documentos que apoyan su causa ante la justicia. Lo han intentado sin éxito en España y ahora están activamente tratándolo en Argentina.

Los espías que llegaron del trópico a comienzos de los años noventa lograron en parte su misión de infiltrar a sus dos mayores enemigos, EE UU y los exiliados radicales, hasta que el FBI los detuvo el 12 de septiembre de 1998. Tras escuchar decenas de testimonios y revisar 1.600 páginas de los mensajes cifrados que enviaron a La Habana, un jurado de 12 personas -ninguna cubana- declaró culpables a Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González de conspirar para cometer espionaje contra EE UU y penetrar organizaciones del exilio e instalaciones militares norteamericanas.

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Sus abogados arguyeron en vano que habían espiado para duplicar las labores de inteligencia de EE UU en Cuba y, ante todo, para defender a su patria de los actos de provocación del exilio, al que acusaron de sabotajes en la isla. La sala de juicios del Tribunal Federal de Miami pareció durante seis meses un pleito de trapos sucios de familia, cubanos de la isla contra cubanos de Miami. El veredicto redimió las frustraciones del exilio que llevaba cuatro décadas advirtiendo que Miami estaba inundada de agentes 007 de Fidel.

Los cinco procesados eran parte de la Red Avispa, en la que al menos trabajaban 14 operativos, según el FBI. La captura en la madrugada del 12 de septiembre de 10 de ellos fue presuntamente detonada por la desbandada que protagonizaron dejando atrás un ordenador con datos cruciales.

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