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Canadá aprueba el uso de la marihuana como tratamiento contra el dolor

Los pacientes con enfermedades graves tendrán sus propios cultivos

'Por fin vamos a tener la oportunidad de estudiar el cannabis como medicina y no sólo como algo que te da risa floja', dice Mark Ware, jefe del equipo del Centro del Dolor McGill, de la Universidad McGill de Montreal. Ware llevaba tres años intentando conseguir ese apoyo oficial. Health Canada, el equivalente al Ministerio de Sanidad, ya ha autorizado el uso clínico de la marihuana para pacientes con sida, esclerosis múltiple, artritis y otras dolencias graves, pero esta es la primera vez que financia con unos 30 millones de pesetas una investigación de la marihuana como analgésico contra el dolor crónico, llamado neuropático, muy difícil de controlar.

El equipo de Ware va a ponerse a trabajar a partir de enero con un primer grupo de 32 pacientes víctimas de dolores causados por lesiones nerviosas y que no responden a los tratamientos regulares. Los voluntarios deberán fumar marihuana tres veces al día durante un mes y responder a un cuestionario sobre los efectos percibidos. Será la primera vez que los participantes en el experimento tomen la droga en casa. En pasadas pruebas para otros tipos de dolencias, se administró en el ambiente controlado de los hospitales. Los pacientes no podrán compartir los cigarrillos ni tomar otras drogas.

Ware dice no entrar en el debate sobre la legalización o no de la marihuana y mantiene que su misión consiste estrictamente en comprobar si hay fundamento científico en las alegaciones de sus pacientes. Health Canada indica que el estudio 'contribuirá al desarrollo de una política sanitaria con respecto a los potenciales beneficios sanitarios de la marihuana'. Para el ministro, Allan Rock, se trata de 'un histórico paso adelante'.

La normativa entró en vigor ayer, en vísperas de que el ministro Rock visite una plantación gubernamental de cultivo de marihuana que dará su primera cosecha el año que viene. Las aproximadamente tres hectáreas del cultivo están en una mina bajo un lago en una aislada localidad del centro del país, a unos 600 kilómetros al noroeste de Winnipeg, sometidas a extremas medidas de seguridad. El Gobierno pretende dar con una variedad que contenga entre un 5% y un 6% del compuesto que da potencia a la droga, porcentaje tres veces inferior al que suele tener la marihuana que se trapichea en la calle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de julio de 2001