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Salud

Un laboratorio de Vitoria recupera en la mitad de tiempo las fracturas óseas

La técnica desarrollada reconstruye el hueso con materiales del propio paciente

Acelerar la regeneración ósea hasta reducir a la mitad el tiempo de consolidación en fracturas de huesos e implantes es lo que ha conseguido el laboratorio vitoriano Biotechnology Institute (BTI) a través de una técnica aparentemente sencilla, pero calificada ya de revolucionaria en el ámbito quirúrgico. Este sistema, que emplea materiales del propio paciente para la regeneración, no precisa medicamentos y sus beneficios se dejarán notar sobre todo en ancianos, diabéticos y deportistas de élite.

El hallazgo de este laboratorio es el siguiente: ha conseguido aislar del plasma sanguíneo las proteínas responsables de la cicatrización de las heridas y de la regeneración ósea. Aplicadas a las fracturas y a los implantes en una dosis terapéutica aceleran el proceso de recuperación. El principio fundamental de esta nueva medicina regenerativa consiste, pues, en estimular el cuerpo para que sustituya tejidos viejos o deteriorados por tejidos jóvenes.

Cualquier tipo de paciente puede someterse al procedimiento

El responsable científico del proyecto, Eduardo Anitua, detalla el procedimiento: 'Cuando te clavas un clavo o te causas un corte, el organismo humano produce unas proteínas para estimular el proceso de reparación de esa herida. Basta con extraer una pequeña cantidad de sangre del paciente, se centrifuga y con ella se obtiene un plasma, rico en factores de crecimiento (proteínas) que, tras adquirir una textura gelatinosa, se coloca en la zona que ha perdido hueso'.

Desde que el paciente sale del hospital, la zona dañada ya se está regenerando. A la semana hay cuatro veces más células trabajando en la herida que si se hubiera seguido el procedimiento normal, con la repercusión que eso comporta en la cicatrización de los tejidos óseo y también epitelial.

Hasta ahora, lo único que se conocía era la existencia de estas proteínas, de los factores de crecimiento. El doctor Anitua ha sido el primero en publicar a escala mundial el trabajo que detalla la técnica para obtenerlos y el equipamiento necesario para ello. Se trata de la única técnica en la que sólo se emplea la propia autofarmacia del organismo, es decir, no se utilizan parte de las proteínas plasmáticas del paciente para mezclarlas con otras logradas a través de la ingeniería genética o por medio de animales de origen bovino. 'El 100% son las proteínas del propio paciente. La idea es que sea un autoinjerto', explica el especialista.

En el caso de que el plasma extraído se vaya a emplear como un injerto, se mezcla con el hueso o con algún biomaterial. Para regenerar la piel, lo único que se hace es utilizar un coágulo empapado en estas proteínas y situarlo encima de la zona que se pretende estimular.

El laboratorio vitoriano lleva seis años de investigación y cinco empleando la técnica. Primero en pequeña medida, en estudios y en investigación animal. Cuando todos los resultados fueron buenos se comenzó con los ensayos clínicos. 'Resultaron tan excepcionales', comenta Anitua, 'que empezamos a utilizar la técnica de una manera más abierta. Ahora la sacamos a la luz pública para decir que existe y que se ha desarrollado tecnológicamente en España, aunque se emplee en medio mundo'.

El laboratorio vasco no ha dado a conocer la técnica hasta comprobar los resultados que ofrece, confirmados con más de 4.000 pacientes tratados y controlados con biopsias y seguimientos.

Los campos en los que se podrá emplear principalmente son: cirugía oral y maxilofacial, traumatología para prótesis de cadera, fracturas abiertas, quemadas, úlceras en diabéticos y dermatología. Esta técnica se emplea, sobre todo, en cirugía oral porque se trabaja con más déficit óseo que en traumatología.

Cualquier enfermo puede someterse al procedimiento, aunque los médicos la recomiendan especialmente en pacientes de edad, con alguna patología o en grupos de riesgo como fumadores, diabéticos o con sida, así como los deportistas de élite. Al facilitar la consolidación de las fracturas y reducir el tiempo de recuperación, la vuelta a la competición es mucho más rápida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de julio de 2001