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REPORTAJE

El descubridor del Descubrimiento

Un libro recuerda cómo Washington Irving sacó del olvido y dio a conocer al mundo los lugares colombinos

'Me agradó mucho el aspecto de don Juan Hernández Pinzón. Era un digno y respetable anciano, alto y más bien delgado, de tez clara y cabellos grises. Me recibió con la mayor cortesía y al leer la carta de su hijo se sorprendió mucho de que yo hubiera venido nada menos que a Moguer sólo para conocer el lugar donde se embarcó Colón, y todavía más al decirle yo que tenía especial interés en conocer la historia de su propia familia', escribió Washington Irving (Nueva York, 1785-1859) en el relato A visit to Palos (Una visita a Palos). Conocido principalmente en España por sus Cuentos de la Alhambra, con los que contribuyó al conocimiento de Granada y la Alhambra en Europa y América, la principal aportación de Washington Irving a la historia española no fue ésa, aunque así lo piensen muchos. El escritor romántico vino a España con la intención de escribir una biografía sobre Cristóbal Colón, la primera que se publicó sobre el marino genovés, e investigar los viajes del Descubrimiento.

Irving fue el primer peregrino a los lugares colombinos, el que los dio a conocer al mundo, olvidados ya por los propios españoles. Con el objeto de recuperar la memoria y el protagonismo del primer viajero que se acercó a La Rábida, Palos y Moguer, Antonio Garnica, catedrático de Filogía Inglesa de la Universidad de Sevilla, ha editado Washington Irving y los lugares colombinos, que publica la Diputación de Huelva.

'Irving se acerca a la entonces lejana y desconocida Rábida como un verdadero peregrino sacando de su secular olvido a estos lugares, la cuna de América. Fue el primero en dar a conocer al mundo una bella y documentada narración del Descubrimiento', explica Garnica, autor de la primera edición española de Cartas de España, de José Blanco White. El interés del escritor por el descubridor, a quien concebía como un héroe romántico y casi iluminado, le lleva a conocer personalmente los lugares en los que nació la gesta colombina: las celdas en las que permanecieron el almirante y el padre Marchena; la iglesia de San Jorge, en Palos, donde se leyó la pragmática de los Reyes Católicos ordenando la colaboración del pueblo en la preparación del viaje, y Santa Clara de Moguer, donde el marino genovés pasó una noche en vela por la promesa que había hecho durante una tempestad en el viaje de regreso.

'Su libro sobre Colón, Life and voyages of Christopher Columbus (Vida y viajes de Cristóbal Colón), publicado en Nueva York y Londres en 1828, se va a leer ampliamente en todo el mundo y servirá para suscitar un interés generalizado por su figura', añade Garnica. La biografía de Irving, reeditada en varias ocasiones en su lengua original, se tradujo a los idiomas europeos (alemán, francés, italiano, checo, holandés, polaco, rumano y sueco). La edición española apareció en 1833.

La peregrinación del escritor a La Rábida en 1828 fue el primer paso en el proceso de recuperación del monasterio, que, no obstante, estuvo a punto de ser demolido años después, de no ser por la intervención decisiva del duque de Montpensier. Los amigos que en Sevilla tenía el autor nortemericano y los propios frailes del convento se sorprendieron de su interés en visitar Palos y La Rábida, 'unos lugares situados en un rincón ignoto y poco accesible de la península, totalmente desconocidos no sólo para los viajeros, sino para la inmensa mayoría de los españoles, que tenían muy escasa conciencia general de la hazaña del Descubrimiento', indica el editor.

'En Moguer tendrá un magnífico guía, un descendiente directo de los Pinzones, que son los únicos que guardan un recuerdo de lo que allí pasó'. Garnica ha añadido un estudio introductorio a la narración del viaje y la biografía de Colón que hizo el escritor norteamericano. El libro también contiene el relato corto y las notas del diario de A visit to Palos, que apareció en forma de apéndice en un posterior libro que publicó en 1831 sobre los viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón, convencido del protagonismo de los Pinzones en la empresa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de mayo de 2001