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OPINIÓN DEL LECTOR

Las ayudas de la Generalitat

Hace ya algunos años yo formaba parte de la compañía Comediants y, junto a Joan Font y Albert Boadella, escuché a Max Cahner decir que a él le parecía mejor empleado un dinero invertido en publicar un libro catalán en Londres que no en subvencionar un grupo de teatro. Nos quedamos estupefactos. Desde entonces hemos visto derrochar millones en las grandes 'instituciones' culturales del país mientras muchos grupos de teatro y músicos independientes nos hemos visto obligados a emigrar para ganarnos el sustento. A la Generalitat sólo le ha interesado la política de escaparate y ha distribuido las ayudas con arbitrariedad y amiguismo. Esto es triste pero al fin y al cabo es la eterna historia del teatro y la música. Pero hay algo peor que esto.

Esta situación crea en los profesionales la disyuntiva de trabajar en la marginalidad o medrar para conseguir un puesto en un 'nacional' o en TV-3. Los escogidos tienen todas las puertas abiertas. Incluso los teatros independientes les prefieren. Son más conocidos. Bienvenidas sean las denuncias de estos días, pero desmontar la situación perversa que se ha creado no va a ser fácil. Hay gente de la profesión a la que le ha ido muy bien. Pero que no se preocupen. ¿Quién va a creer a unos resentidos como nosotros?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de abril de 2001