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El Tribunal Supremo ordena la demolición de un edificio de Tráfico en Chamartín

El inmueble se levantó, en contra de las normas urbanísticas, a tres metros de dos bloques de pisos

La Dirección General de Tráfico comenzó a levantar en 1991 un edificio de oficinas de tres plantas a escasos tres metros de las fachadas de dos bloques de viviendas. Tráfico pretendía aliviar así, con el nuevo inmueble -construido sobre un solar que ocupó anteriormente una nave del Patronato de Huérfanos de la Guardia Civil- la saturación que sufría su sede de la calle de Arturo Soria, donde se tramitan los permisos de conducir y las colas son habituales.

Los 80 vecinos que habitaban entonces los inmuebles de los números 14 y 18 de la calle de Chile denunciaron que el nuevo bloque, con su 'panorámica de ventanales', les quitaría la luz, el aire y las vistas, y que la licencia de obras, concedida por la Junta de Distrito en julio de 1991, se saltaba 'a la torera' las ordenanzas urbanísticas. 'Pretendían construir un edificio acristalado que nos iba a dar muchísimo calor. Además, los motores del aire acondicionado iban a quedar a tres metros de nuestra terraza', recuerda Eugenio Malillos, un médico de 64 años que vive en el primer piso de Chile, 14.

Así que los afectados, apoyados por IU, presentaron una reclamación por la vía administrativa y, más tarde, por la vía judicial. Realizaron rifas y colectas para reunir el dinero necesario para pagar a los abogados e iniciaron una lucha sin cuartel, con pintadas callejeras incluidas, contra el polémico bloque. En enero de 1992 consiguieron que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid paralizase las obras -tras concluir que, efectivamente, la licencia de construcción no se ajustaba a la legislación urbanística de la capital-, pero a esas alturas Tráfico ya había levantado la estructura de dos de las tres plantas del inmueble. 'El edificio quedó abandonado, y en estos nueve años se ha llenado de mendigos y de parejas que se meten ahí para hacer el amor. Incluso los niños del barrio se cuelan dentro, con los peligros que eso conlleva', afirma Malillos.

Ahora, el bloque abandonado tiene un candado que han puesto, según los vecinos, los propios mendigos, para que nadie más entre en él. A través de un resquicio se pueden observar los colchones, mantas y restos de comida dejados allí por los sin techo. Tras conocer la sentencia del Tribunal Supremo, los vecinos confían en que la demolición de la parte construida del edificio comenzará en breve. 'No hay fecha concreta, pero para nosotros esto ya es un triunfo', declaran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de abril de 2001