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CARTAS AL DIRECTOR

Solidaridad tardía, ficticia y baldía

No es que esté en contra de los 7.000 millones de crédito que España ha concedido a El Salvador para su reconstrucción, después de la devastación provocada hace unas semanas por un nuevo terremoto. Lo que me cuestiono es la eficacia de dicha solidaridad. Si este dinero sirve para reconstruir el país con chabolas inconsistentes y faltas de todo tipo de materiales y técnicas para poder salir airosas de este tipo de desastres naturales, ¿de qué habrá servido la ayuda? Da la sensación de invertir en la reconstrucción de algo que, impepinablemente, volverá a sucumbir. ¿Por qué esperamos a que ocurra una desgracia para socorrer a los países más necesitados? ¿Por qué no una ayuda continua para fomentar su desarrollo? Y, con más razón, pues es culpa del ser humano, y no de la naturaleza, ¿por qué no alimentamos a los miles de africanos moribundos por la hambruna?

Considero esta ayuda como un acto de solidaridad que, en cierto modo, me reconforta, pero es un sentimiento contradictorio, pues quizá sea una solidaridad tardía, ficticia y baldía.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2001