Cartas al director
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La sagrada transición

Hemos tenido ocasión de comprobar en estas mismas páginas, a través de Viçenc Navarro y Javier Tusell, que hay una versión canónica de la transición (ejemplar, modélica), que dispone de cuantos altavoces quiera y desee, y otra más prosaica (con sus luces y sombras), a la que se ningunea por sistema. A veces, por aquello de que los extremos se tocan, a los que discrepamos por experiencia y principio de toda historia oficial no nos queda más remedio que dar la callada por respuesta para que los grandes santones de la verdad políticamente correcta no nos confundan con Ricardo de la Cierva y Gonzalo Fernández de la Mora, por un lado, o con García Trevijano y Gabriel Albiac, por el otro, como pudo comprobarse en la misma TVE, para quienes la continuidad de la dictadura franquista con la Monarquía juancarlista sería obvia. No, no es obvia, sino todo lo contrario. Por mucho que Franco nombrara a Juan Carlos, el dictador sólo fue caudillo de cruzados, y el Monarca declaró desde el principio su firme voluntad de ser el Rey de todos los españoles. Franco reimplantó la pena de muerte y torturó y asesinó siempre. Esta Monarquía parlamentaria ha suprimido la pena de muerte y persigue judicialmente la tortura. Bien. Entonces, por qué TVE censura el programa Línea 900 muy ajustadamente llamado Una sombra del caudillo. ¿Cuál es la luminaria, el jefecito-torquemadita de turno -siempre más papista que el Papa- que tanto miedo cortesano le produce que coincidan en la televisión al alcance de todos los españoles las loas y ditirambos dedicados a los 25 años

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de noviembre de 2000.

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