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Estas chapas que caerán JORDI XUCLÀ COSTA

En la polémica de la opción gubernamental de no incorporar los distintivos autonómicos a las nuevas matrículas de los coches, poco hay de polémica y mucho de irritación inecesaria, de desliz político por parte de un Gobierno y singularmente de su máximo responsable, que ha hecho de la inflexibilidad, tocada de un punto de arrogancia, un nuevo estilo de gobernar en épocas de mayoría absoluta.Esta decisión sobre una cuestión de carácter simbólico -y recordemos que cada icono tiene su significado y su significación- ha concitado una amplísima reacción de rechazo en la sociedad catalana y la ha puesto de acuerdo sobre cómo se deberían haber hecho las cosas y no se han hecho. La expresión de esta discrepancia ha tenido distintas manifestaciones: un amplio acuerdo de instituciones y partidos políticos, así como una campaña popular de origen espontáneo y policéntrico que tiene su más clara expresión en la colocación de adhesivos con el distintivo CAT en las matrículas viejas y nuevas. Hacía años que en la sociedad catalana no se producía una reacción tan espontánea, rápida y que sumará tantas adhesiones, en un estadio de lo que podríamos considerar prepolítico. También es cierto que la colocación de las pegatinas se va extendiendo de forma gradual y sin avalanchas. La intención de muchos ciudadanos es, simplemente, colocarla cuando les llegue cómodamente a las manos.

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Dos consideraciones al respecto de esta campaña: su éxito presente y futuro es directamente proporcional a la capacidad de convertirse en mínimo común denominador de una determinada sensibilidad de la sociedad y al hecho de que no caiga en la patrimonialización de ningún partido político. Ni tan sólo es una cuestión de sentimiento nacionalista, sino la voluntad de que las matrículas concuerden con el diseño autonómico de matriz constitucional. La segunda consideración: esta campaña tiene éxito garantizado durante un buen número de meses e incluso de años. Los adhesivos con las letras CAT pueden ser emblema de muchas voluntades ante de una determinada forma de administrar la dimensión autonómica que parece tener aún entregas pendientes.

Jordi Xuclà Costa es senador de CiU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 04 de noviembre de 2000.