"La Administración sólo opera en caso de riesgo en Riba-roja, que es de Enher"

El presidente de la CHE sostiene que era necesario abrir el pantano

"Tanto el embalse de Mequinenza como el de Riba-roja se construyeron entre 1966 y 1969 para producir energía; son propiedad de Enher. En los dos tuvimos que desembalsar, y cerrar Mequinenza, cuando vimos que los caudales que entraban lo aconsejaban y podían suponer un riesgo". Son palabras del presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), José Vicente Lacasa, quien matiza: "Sólo en situaciones excepcionales podemos operar en estos pantanos, y lo hace el gabinete de crisis de la CHE".

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El presidente de la Confederación cree injustificadas las acusaciones de los alcaldes de las poblaciones afectadas según las cuales las hidroeléctricas fuerzan hasta el límite el nivel de los pantanos para producir energía, y por eso se produjeron inundaciones. El pasado 24 de octubre, el alcalde de Flix, Antoni Sabater, y el líder del PSC, Pasqual Maragall, acusaron a la CHE de gestionar erróneamente los embalses de la cuenca del Ebro. En el fondo, es una polémica sobre la hipotética subordinación de la Administración a los intereses de las hidroeléctricas.Lacasa reconoce que las compañías pueden apurar hasta el máximo los niveles, "pero es algo que carece de sentido porque en situaciones de crisis ellos hacen lo que nosotros les decimos". Eso sí, tiene que ser en situación límite porque el resto del tiempo, la decisión la toma Enher (propiedad de Endesa).

La polémica es la cola de la historia de unas riadas inusuales, ocurridas desde el día 22 hasta el 25 de este mes, en ríos cuya regulación es imprecisa. La lluvia llenó los embalses y anegó tierras devastando a su paso miles de hectáreas y amedrentando a los vecinos.

César Ferrer es el jefe de Hidrología de la CHE. Entre el 22 y el 25 de octubre no pegó ojo, "ingresado", como él dice, en el centro de control de avenidas, que funciona desde 1994. Ferrer asegura que sin pantanos y sin las decisiones de vaciarlos parcialmente Tortosa se habría inundado. Regular avenidas de ríos que triplican su altura y su caudal en media hora es difícil. Él prefiere "operar" con riadas normales como las que producen las lluvias en la cabecera del Ebro. Aunque aporten mucha más agua, "en 48 horas te da tiempo a tomar decisiones".

"La predicción meteorológica", explica Ferrer, "sirve para estar preparado, pero ¿quién se atreve a soltar agua de una presa bajo mínimos antes de que ocurra nada? ¿Y si no llueve? El agua se ha ido".

El ejemplo es el embalse de Pena, sistemáticamente vacío, mientras que las riadas se producen en el Matarraña, lejos de él. Llegan del Tastavíns o de los barrancos. Tenía apenas medio metro de agua el día 22, la campaña de riego se había abortado y el día 24 se había llenado al 70%. "Si abrimos Pena y no llueve...".

El Sistema Automático de Información Hidrológica permite conocer en tiempo real los niveles de embalses, ríos y acequias. "Los datos se transmiten por radio a un punto de concentración informativa y de allí al centro de control de la CHE; permiten conocer el caudal, estaciones de aforo, los niveles y la posición de las compuertas de los pantanos -más o menos abiertas- y se sabe la cantidad que entra, la que sale. Cada 15 minutos se refrescan los datos".

Las decisiones se tomaban rápidamente. El Matarraña y el Tastavins comenzaron a crecer. El embalse de cabecera del primer río pasó de 0,7 a 14 hectómetros cúbicos, y se planteó también soltar agua, una operación que se realiza "cuando los aforos avisan de la avalancha y hay que ir sacando menos agua que la que va a entrar; se debe evaluar la que viene para decidir cuánta se desembalsa, a fin de que cuando llegue la punta máxima no rebase el pantano", explica Ferrer.

El pantano de Riba-roja se tragó el Cinca más el Flumen, el Alcanadre, el Matarraña y el Algars, unos ríos que no llevaban más de 10 metros cúbicos de caudal y que en apenas una hora llegaron a más de 1.000. El Matarraña, en Nonaspe, pasó de 0,14 metros de altura y sin apenas caudal a las cinco de la mañana del día 23, a 3,16 metros y 1.139 metros cúbicos por segundo de caudal a las ocho de la mañana. A las tres de la tarde descendía a 2,45 metros y llevaba un caudal de 650 metros cúbicos por segundo. Horas después volvía a subir hasta 4,20 metros, los aforos saltaron mientras se desembalsaba Mequinenza y seguía subiendo el nivel. "Era el temor que nos atenazaba", explica el presidente de la CHE, "llovía y entraba agua".

El lunes 23 fue el día crítico, llovía de forma inusual, pero los técnicos insisten: "Sin Mequinenza y Riba-roja, Tortosa estaría inundada. Todas las avenidas se han frenado laminando los embalses. Llovió en cauces sin regular: en los altos de Beceite, donde está el embalse del Pena; en Morella. La avalancha avanzaba y por eso se decidió liberar 2.200 metros en Riba-roja, que se había llenado por encima de los topes habituales".

Lacasa insiste: "Con Mequinenza cerrado y el desembalse de Riba-roja evitamos una tragedia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de octubre de 2000.