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Tribuna:

Pacto financiero a la catalana ANTÓN COSTAS

La autoestima de los catalanes es especialmente baja en relación con su capacidad para desarrollar actividades bancarias. El fracaso de muchos de los bancos creados en el siglo pasado y en el actual, con el de Banca Catalana a la cabeza, ha alimentado la idea de falta de aptitud financiera de los catalanes. A ese sentimiento de fracasomanía se une ahora el miedo a que las grandes fusiones bancarias en España acaben devorando los últimos bancos privados catalanes. Quizá sea esta mezcla de sentimiento de fracaso y de miedo lo que ha hecho que se haya recibido con cierto alivio el acuerdo entre La Caixa y el Banco Sabadell.El acuerdo es bien conocido: La Caixa adquiere un 15% del capital del Sabadell y, a cambio, cede a éste el asturiano Banco Herrero. Por el camino La Caixa se queda con una buena plusvalía exenta de impuestos. Además de este contenido financiero, el acuerdo incorpora un pacto de caballeros: La Caixa podrá elevar su participación hasta el 20% -eso sí, con el acuerdo del Sabadell- y no la podrá reducir por debajo del 10% en los proximos cinco años, periodo durante el cual el Sabadell tampoco se podrá desprender del Herrero; y para rematar ese pacto, La Caixa, a pesar de pasar a ser el mayor accionista, renuncia a estar representada en el Consejo de Administración del Sabadell y, por tanto, respetará su independencia de gestión. Realmente, todo un pacto a la catalana.

¿Qué sentido tiene ese pacto? ¿Es la respuesta catalana a las grandes fusiones bancarias españolas? De momento, se trata de un pacto que interesa especialmente al Banco de Sabadell. Éste se encuentra en un momento decisivo de su historia. Después de una gestión presidida por ese banquero prudente, discreto y exitoso que ha sido Joan Corominas Vila -supo transitar por la crisis bancaria, resistir los cantos de sirena para que tomara el relevo de Banca Catalana en la labor de fer país y puso en marcha la expansión-, ahora el nuevo presidente, Josep Oliu, busca transformar un banco cuasi familiar en una institución financiera que cotice en Bolsa y con recursos propios para seguir creciendo. Es una operación arriesgada pero absolutamente inevitable. Con casi 40.000 pequeños accionistas, el Sabadell no puede mantenerse como si fuera una empresa familiar. Y no sólo por el hecho de que la Unión Europea tiende a forzar la salida a Bolsa de las empresas con muchos accionistas, sino porque son esos mismos accionistas los que están deseosos de realizar la plusvalía implícita existente entre las 8.500 pesetas que hasta ahora podían obtener vendiendo sus acciones al banco y las aproximadamente 25.000 que esperan que valga la acción cuando comience a cotizar en la próxima primavera. Va a ser la primavera más alegre que se recuerda en Sabadell.

Josep Oliu trata de crecer y crear valor para el accionista. Pero, a la vez, busca no perder el control del banco. Para ello tenía que encontrar un socio de confianza que por un lado le proteja contra opas no queridas y por otro le aporte valor. Después de ir de viaje por el mundo en busca de pareja, la ha encontrado en casa. Pero como tampoco se fía del todo del de casa, de ese viaje se ha traído otra pareja: el Banco Comercial Portugués. Todo un ménage à trois arriesgado. Pero, en cualquier caso, tenía que jugarse el todo por el todo, y en estos casos, como dice el refranero catalán, sólo hay dos opciones: o caixa o faixa. El tiempo lo dirá.

Sin embargo, hay muchas incógnitas que pueden afectar al desenlace. ¿Qué pasará con las cajas? ¿Se privatizarán? Y en ese caso, ¿qué sucedería con el pacto? Por otro lado, en la escena intervienen actores de ambición contrastada. Y a todo eso hay que añadir que muchos personajes de la vida pública catalana, de uno y otro signo, andan en busca de papel una vez abandonada la vida política. Y la presidencia de La Caixa es un dulce que a nadie disgusta. En todo caso, lo que parece descartado es el uso político del acuerdo. Lo del Sabadell y La Caixa es más hacer negocio que fer país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de octubre de 2000