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CARTAS AL DIRECTOR

Granjas intensivas

Hace unos días, oí que miles de aves habían muerto asfixiadas en una granja intensiva. Esto me hizo investigar cómo viven los animales en estas granjas y he visto que a nuestra casa llegan, para ser consumidos, miles de animales torturados hasta la muerte. Cada vez que nos comemos un huevo, estamos promoviendo que las gallinas vivan confinadas en pequeñas jaulas en las que a duras penas viviría una sola (y mucho menos 4 o 5). Estas aves tienen tal malestar que terminan volviéndose locas. Se empiezan a desplumar unas a otras e incluso llegan al canibalismo. Para solucionarlo no se mejora sus condiciones de vida, sino que se les corta el pico sistemáticamente.La práctica más horrorosa en este tipo de sitios se da en las terneras. Antiguamente se les separaba de la madre y se les mataba, pero como se conseguía poca carne se concluyó que lo mejor era encerrarlas en unos cajones individuales, dejándolas sin libertad de movimiento (ya que la carne se podría endurecer) y alimentarlas con leche en polvo baja en hierro (para no oscurecer la carne). Estos se hace durante unas semanas para poder matarlas y conseguir mayor beneficio.

Después de todo esto, creo que todos deberíamos plantearnos nuestros hábitos alimenticios y ser conscientes de que detrás de cada huevo, filete o embutido hay un animal torturado desde que nace hasta que muere.- Carlota Alfaro Ortega. Miembro de ATEA. San Sebastián.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de agosto de 2000