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Arafat y Barak se comprometen a seguir las negociaciones de paz a su regreso de Camp David

Yasir Arafat y Ehud Barak se han comprometido a continuar con las negociaciones de paz. El presidente palestino y el primer ministro israelí no quieren dejarse abatir por los resultados frustrantes de las negociaciones de Camp David, las más largas y dolorosas desde los Acuerdos de Oslo en 1993. Así lo anunciaron ayer al unísono a su regreso a casa, al coincidir en un mismo discurso en el que proclamaron su intención de continuar impulsando el diálogo. "Hay un acuerdo entre nosotros y Barak para continuar las negociaciones hasta el 13 de septiembre. Luego, con acuerdo o sin él, declararemos el Estado de Palestina, con Jerusalén Este como capital. Y al que no le guste que se vaya a beber agua del mar Muerto o del Mediterráneo", afirmó Arafat en Gaza.

La afirmación la hacía un Yasir Arafat sonriente, mientras realizaba con los dedos el signo de la victoria, a su llegada ayer al aeropuerto internacional de Gaza, donde aterrizó al mediodía de regreso de Estados Unidos, tras una escala de dos horas en Alejandría, donde se entrevistó con uno de sus principales aliados en la zona, el presidente egipcio, Hosni Mubarak. El discurso del presidente palestino en Gaza coincidió, en grandes líneas, con el mensaje que el primer ministro israelí, Ehud Barak, pronunció en el aeropuerto de Ben Gurión, en Tel Aviv, horas más tarde, donde fue recibido por los miembros de su Gobierno y por una guardia militar de honor, mientras los miembros de la oposición boicoteaban la ceremonia y centenares de colonos intentaban, desde el exterior del recinto y por encima de los cordones policiales, hacer llegar sus gritos de protesta e insultos.

"No me voy a desesperar. Me comprometo a continuar en el camino de la paz. La ruta de la paz está llena de altos y bajos, pero la esperanza de la paz no se apaga", afirmó Ehud Barak, en el aeropuerto de Tel Aviv, mientras recalcaba que de ninguna manera "puede considerarse esto el final" y se reafirmaba en sus famosas líneas rojas, según las cuales habrá acuerdo con los palestinos, respetando al mismo tiempo la "seguridad de Israel, lo más sagrado de este pueblo, Jerusalén, y la unidad del pueblo".

Entorno diferente y opuesto

Pero Yasir Arafat y Ehud Barak coincidieron ayer sólo en la filosofía de sus discursos. El contexto político los colocó en un entorno diferente y diametralmente opuesto; mientras el presidente palestino retornó a casa, en Gaza, como un héroe, aclamado y bendecido por millares de personas que se lanzaron a la calle, el regreso del primer ministro israelí a Jerusalén fue el de un derrotado, que pasó prácticamente inadvertido por una población crítica y divida, que condenaba, en un 52%, la manera en que había conducido las negociaciones de Camp David, o que aseguraba, en un 57%, que había hecho demasiadas concesiones a los palestinos.El recibimiento del presidente Yasir Arafat en Gaza, concebido como una gran operación de imagen y propaganda, fue protagonizado por millares de palestinos a los que se les había dado orden de salir a la calle y enarbolar y agitar retratos y pancartas en las que se le saludaba "como un héroe de la guerra y de la paz", se le invitaba a proseguir su lucha en favor de ese "Jerusalén que hoy está ante nuestros ojos y mañana estará entre nuestras manos" o se le comparaba a Saladino, que en el siglo XII expulsó a los cruzados de la Ciudad Santa.

Pero la movilización en Gaza no fue la única, ya que en la mañana de ayer se llevaron a término otras manifestaciones similares en las principales ciudades de Cisjordania, que previamente habían quedado paralizadas como consecuencia de una huelga general que afectó a todo tipo de comercios y actividades económicas.

La concentración en apoyo a Yasir Arafat, que ha supuesto una de las manifestaciones más importantes registradas en favor del líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) tras su regreso definitivo a los territorios, en 1995, y el fin de su exilio a Túnez, había sido preparada minuciosamente por el aparato de la administración palestina y el partido gubernamental, Al Fatah, durante los últimos días, en un intento por aprovechar el tirón de la cumbre de Camp David y contrarrestar la impopularidad que había venido acumulando el líder, durante los últimos años, por sus continuas concesiones políticas en favor de Israel y al dictado de Estados Unidos.

Fervor popular

"Yasir Arafat es el presidente de todos los palestinos", afirmaba con contundencia ayer, en plena oleada de fervor popular el ministro de Comunicación y Correos, Imad Fajuli, un ex dirigente fundamentalista radical, mientras proponía cerrar filas en torno a Arafat y constituir un Gobierno de unidad nacional con todas las fuerzas políticas, incluidas los integristas de Hamas y de Yihad Islámica.El llamamiento fue secundado por Marwahn Barguti, secretario general de Al Fatah, y uno de los líderes más influyentes entre las fuerzas paramilitares palestinas, quien ayer desde Ramalha convocaba a los jóvenes a una movilización permanente en favor de "nuestro líder Arafat, en apoyo de Jerusalén y por la devolución de todos los territorios de Gaza y Cisjordania".

Arafat, convertido, al menos por un día, en un héroe nacional al haber dicho por primera vez en voz alta "no" a Estados Unidos, se prepara a realizar en los próximos días un viaje por los países árabes, reclamando su apoyo y solidaridad para la próxima ronda de negociaciones y pidiendo, al mismo tiempo, su participación en una cumbre que planea celebrar en Gaza el 13 de septiembre, coincidiendo con la proclamación del Estado de Palestina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de julio de 2000

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