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Reportaje:RAÍCES

El habla andaluza y la defensa de lo evidente

Adefesio lingüístico

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Un martes 30 de noviembre de 1999 se inauguraban estas páginas, a las que su director llamó Raíces, por definir la pluralidad que alimenta al hecho diferencial andaluz. En ellas han tenido lugar muy destacado, casi de privilegio, los más variados pronunciamientos y controversias acerca de la que quizás sea la parte más delicada y compleja de nuestra manera de ser y de estar en el mundo: el habla, el uso que del español hacemos en Andalucía, desde muy antiguo.Un uso, por supuesto, variado y peculiar, pero también dotado de ciertos rasgos comunes que lo distinguen claramente de otros, y que, desgraciadamente, fue tildado durante demasiado tiempo de vulgar y gracioso, cuando no simplemente de "castellano mal hablado", como no se cansaron de repetirnos, sobre todo en la etapa franquista. En nombre de ese principio fueron perseguidos locutores, suspendidos alumnos, caricaturizados y denostados los andaluces todos, aún en lo más íntimo.

Ni vulgares ni graciosas

Sirva de ejemplo global esta condena del obrero revolucionario andaluz en una novela de lo más retrógrado, ¡Redimido! (1908), del jerezano Manuel Bellido: "Náa, compañero; o mos pagan lo que mos dé la gana, o fuego a tóo er campo, a ver si escarmientan los burguese".

Un auténtico adefesio lingüístico, en contraste con el cultísimo castellano que utilizan los señoritos en la misma narración, y que asocia brutalidad con luchas sociales y al pueblo andaluz con la peor canalla. [Debo esta perla a un excelente artículo de José López Ropero publicado en el número de mayo de la revista gaditana Tierra de nadie].Y todavía dicen que lo del complejo de inferioridad nos lo hemos inventado unos cuantos. Pero de ese viejo estigma quedan, curiosamente, muchas actitudes que, de un modo u otro, siguen respondiendo al condicionamiento histórico-social. Quizás sea inconsciente, quizás no.

Ahora que se acerca el descanso veraniego de estas Raíces -sin duda para refrescarlas y traerlas más lozanas después- tal vez no esté de más recordar y resumir lo que estuvo en nuestra intención desde el principio. Y como probablemente la torpeza en expresarlo por parte de quien suscribe haya dado lugar a algunos equívocos, me gustaría despejarlos.

En más de una ocasión he abogado, junto a otros autores mucho más autorizados que yo, por la existencia de un andaluz culto, andaluz ejemplar, o como quiera llamársele, que debiera prosperar y ser respetado, sobre todo en los medios de comunicación audiovisuales, en las instituciones, en las escuelas, en las universidades, es decir, en toda tribuna más o menos pública.

Cuál sea este andaluz es cuestión harto polémica y difícil, teniendo en cuenta que las personas cultas de Andalucía ya utilizan varios registros, principalmente de origen geográfico. Lo sabemos y no es necesario que se nos recuerde a cada instante.

Es evidente que el habla de un José Calvo Poyato, el nuevo portavoz del PA en el Parlamento andaluz, representativa de lo que sería una norma culta de la sub-bética, difiere de la de un Felipe Alcaraz, aun perteneciendo ambas a una común variante oriental. Pero más difieren todavía de la que usan los parlamentarios sevillanos, gaditanos o huelvanos. Es evidente, por tanto, que todo intento de reducir la pluralidad a una norma rígida sería, a más de artificioso, inútil, pues cada cual campa ya por sus respetos, y hace muy bien.

También son más cada día los locutores de radio y televisión que se han decidido por emplear un andaluz culto, las más veces intuitivo, pero de muy buen resultado, como los que utilizan Rafael Cremades en las tardes de Canal Sur TV; Charo Gutiérrez en los informativos del fin de semana de la misma cadena; Manuel Pedraz, Antonio García Barbeito o Pilar del Rio en sus comentarios radiofónicos. Lo que no impide reconocer, al mismo tiempo, que unas y otras maneras poseen también elementos homogéneos, empezando por lo más evidente de todo: que ninguna de ellas se las da de vulgar ni de graciosa.Así nos venimos manifestando cada vez que hemos podido. Pese a ello, sigue habiendo quien nos atribuye posiciones absurdas en defensa de cosas tan indefendibles como que esa norma tuviera que ser la sevillana, o siquiera la occidental. En este punto el prejuicio localista es terco e indómito, y a la fuerza se nos quiere llevar a donde nunca hemos ido voluntariamente. Qué se le va a hacer.

Por todo ello, la verdadera pregunta que hay que hacerse a estas alturas es a qué se debe que hayamos de emplear aún tanta energía en defender lo evidente. Quede la respuesta para el verano, pues merece larga y sosegada meditación.

Dudas y contradicciones tras siglos de castigo

Entre los días 10 al 12 de febrero de este año, tuvo lugar en Granada un simposio sobre habla andaluza y medios de comunicación, donde distintos participantes, unos con más fervor que otros, vinieron a reconocer la existencia de esa norma culta, de carácter más bien inmanente o implícita -que no explícita, ni mucho menos obligatoria-, y en plena fase de convergencia, desde los distintos usos urbanos y universitarios que se dan en la Andalucía de hoy.Una disertación magistral sobre este importante asunto fue la del profesor Pedro Carbonero, de la Universidad de Sevilla, quien definió esa norma sociolingüística, exactamente en estos términos: "Modelo flexible de referencia de usos lingüísticos que la sociedad entiende prestigiados para situaciones estandarizadas" (principalmente la escuela, los medios de comunicación y las instituciones).

Ello, después de pronunciarse también contra el prejuicio monocéntrico y aduciendo que en otros idiomas también hay formas de nivelación policéntricas. Casos del portugués, según sea de Coimbra, de Lisboa o de Brasil, o el inglés de Inglaterra o de Norteamérica. Y concluyó: "Lo rígido es mucho más frágil que lo flexible".

Corresponde a la sociolingüistica descubrir cuáles son esos rasgos prestigiados, (frente a los estigmatizados), definirlos e inventariarlos, para quienes quieran hacer uso de ellos.

Y en ese sentido, el propio profesor Carbonero aportó muy interesantes datos, que reproducimos (en los cuadros estadísticos situados en la parte superior de la página) y que, a su vez, son síntesis de diversos trabajos de investigación por él mismo reseñados.

Del análisis detenido de ellos deducirá el lector algunas conclusiones sorprendentes, dudas y contradicciones que presentan los propios usuarios del andaluz, como es natural, después de tantos siglos de castigo. Pero, en fin, que a ustedes no les castigue demasiado el calor y que pasen un feliz verano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de julio de 2000

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