Arsénico, por favor
El arsénico es un elemento químico que mata lentamente, es un veneno idóneo para criminales discretos y sin prisas. Si los acuíferos madrileños estuvieran contaminados de cianuro potásico seguramente nuestras autoridades, tras los primeros millares de víctimas, ya habrían hecho algo, pero con el arsénico no hay porqué apresurarse ni crear alarma social.Las primeras muestras de arsénico en un acuífero de la Comunidad fueron detectadas en el año 1998 en una empresa alimentaria del noroeste de la capital.
No había de qué preocuparse porque la industria, según la Dirección de Salud Pública, cumplía todos los requisitos sanitarios, todos menos el referente a la calidad del agua, pero esto no era importante porque el agua no se utilizaba en el proceso de fabricación. El que los operarios de la fábrica bebieran del grifo o se hicieran café en horas de trabajo era irrelevante.
A raíz de este primer brote se escanearon 353 pozos y los resultados fueron tranquilizadores: sólo 16 de ellos estaban contaminados, una cifra insignificante que sólo afecta al 0,1 % de la población de la Comunidad madrileña. A los damnificados se les comunicó que no utilizaran el agua para beber o preparar comida, pero que no se lo dijeran a nadie por aquello de la alarma.
Tranquiliza también saber que, según la Dirección General de Salud Pública y Autonómica, no se han registrado casos de envenenamiento, por lo que no es necesario realizar un estudio epidemiológico.
Si se registrasen casos de envenenamiento, entonces sí, entonces se harían los estudios epidemiológicos correspondientes donde se explicaría todo lo que hubiera que explicar.
Además, si alguien se envenena en la Comunidad de Madrid será porque quiera y... allá él. "Entiendo que nuestra labor no es policiaca. Si alguien lo ha hecho sabiendo que no era potable es cosa suya", declaró el director general saludable, público y comunitario, Francisco de Asís Babín, en un alarde de sensibilidad con el problema.
Las autoridades sanitarias madrileñas advierten que aún no se ha muerto nadie y que, por tanto, van a seguir tomándose las cosas con calma mientras los embotelladores y distribuidores de agua mineral de las zonas afectadas se frotan las manos de gusto.
De momento, el señor Babín esperará hasta el próximo otoño "para ver cómo evoluciona el arsénico", porque parece ser que el arsénico es muy suyo y cuando lleguen las lluvias puede cambiar de comportamiento y tomarse unas vacaciones. Con las prisas no se llega a ninguna parte.
No hay que confundir España con el Estado de Bangla-desh, en el subcontinente indio, a los pies de Asia, donde en 1993 el arsénico disparó una epidemia de cáncer que afectó a más de un millón de personas.
Aquí el problema se ha detectado a tiempo, coinciden los especialistas, lo cual no significa que vaya a hacerse algo para solucionarlo.
Los responsables del Canal de Isabel II que también han detectado arsénico en algunos de sus pozos están muy preocupados; por el momento, los niveles detectados son compatibles con la legalidad vigente, pero una nueva normativa que reduce la máxima a 10 microgramos les obligará en un futuro cercano a "tomar medidas más drásticas y costosas".
Si tienen que optar entre lo drástico y lo costoso, es de temer que se inclinen por lo drástico, que resulta más barato. Ya saben, exhaustivas campañas de información y educación al ciudadano para que beban, con moderación, del grifo, pegatinas, spots, charlas, simposios e himnos coreados por famosos solidarios: "Agua que no has de beber, no dejes correr".
Y al lado de cada grifo, público y privado, en letra grande y clara y en diferentes idiomas, los consejos de los responsables de la salud pública:
"Las autoridades sanitarias advierten que beber del grifo produce envenenamiento por arsénico".
Otro día hablaremos del ozono que a la capa le falta y a Madrid le sobra y de las drásticas medidas que podrían tomarse al respecto.
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