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ZARZUELA - 'LA DEL SOTO DEL PARRAL'

Como un gorrión en día de nevada

La señora de azul oscuro se sabía La del Soto del Parral al dedillo. Iba más o menos tarareando bajito algunos pasajes, pero cuando llegó el turno del famoso coro ¿Dónde estarán nuestros mozos? no se pudo contener y unió su voz a las del escenario. Se la veía tan ilusionada que daba pena sugerirla que cantase en silencio. Había, además, varios grupos por las proximidades que no paraban de charlar en voz alta, como si estuviesen en el salón de sus casas viendo la televisión. Así se oían frases como "esto es la dulzaina" o "esto es la jota segoviana", con lo que uno de los interlocutores debía ser extranjero necesitado de algunas pistas. También se oyeron teléfonos móviles de esos chillones. E incluso hubo quien se levantó después del dúo de la pareja protagonista y pidió a gritos que se repitiera, aclarando, por si alguno lo desconocía, que así se hacían estas cosas en otros tiempos.El público de la zarzuela no tiene nada que ver con el de la ópera. Es espontáneo, va esencialmente a disfrutar, lo aplaude todo y no se corta un pelo. Además, se identifica apasionadamente con unas melodías o romanzas que forman parte de la memoria colectiva.

"La del Soto del Parral"

De Soutullo y Vert. Dirección musical: José Fabra. Dirección de escena: Jaime Martorell. Escenografía y figurines: Pedro Moreno. Con Cecilia Díaz, Manuel Lanza, José Manuel Montero, Enrique Ruiz del Portal, Paloma Curros, Rafa Castejón y Rafael Castejón. Orquesta de la Comunidad de Madrid, Coro del Teatro de la Zarzuela. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 22 de junio.

Éxito

Hubo un éxito rotundo, y hasta desmesurado, para el nivel de calidad de lo que se ofrecía. La del Soto del Parral es una zarzuela de los años veinte, compuesta por Soutullo y Vert, y está situada entre La leyenda del beso y El último romántico. La representación de ayer en la Zarzuela se vio perjudicada por una indisposición de última hora del director musical, Miguel Roa, gran dominador del género zarzuelístico. A su sustituto, José Fabra, le faltó chispa y en muchos momentos le sobró volumen. Este tipo de obras requiere un tratamiento ligero, matizado, garboso. El joven director se mostró correcto, pero sin entrar demasiado en recovecos estilísticos.

Cantó con empuje y nobleza Manuel Lanza. Cecilia Díaz enfatizó la componente dramática del personaje de Aurora y José Manuel Montero, con alguna desigualdad, compuso un más que aceptable Miguel. A la pareja cómica de Catalina y Damián le faltó, precisamente, gracia y algo más de definición en las partes habladas. El resto del reparto simplemente cumplió.

La dirección escénica se decantó por la geometría. Bloques cúbicos encalados y móviles para las casas; vestuario vistoso, colorista y predominio de rectángulos, un poco al estilo de Mondrian, para entendernos. El movimiento y la distribución espacial fueron ordenados, convencionales, también geométricos. En conjunto, la representación fue alicaída, "como gorrión en día de nevada", utilizando una frase de Catalina en el transcurso de la obra. El público recibió todo con un agradecimiento efusivo. Mejor así. La señora de azul oscuro continuaba con lo de "siempre me dices lo mismo, tus consejos no quiero escuchar", después de bajarse el telón, camino de la calle. Daba envidia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de junio de 2000