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Tribuna:

La colección 'Som i Serem' RICARD LOBO I GIL

Ignacio Vidal-Folch, en un artículo publicado en EL PAÍS el martes 18 de abril sobre la colección Som i Serem, arremete con dureza y sarcasmo contra esa edición que cuenta ya con 13 volúmenes publicados en coedición entre la Generalitat de Catalunya y diversas editoriales catalanas, actualmente con Grup 62. Y manifiesta también sus reparos sobre el modo de comercialización por parte de dicho grupo editorial, con gran éxito de ventas, por cierto.El título de dicha colección me fue sugerido como título de un volumen que no hallaba editor y que propuso a la Generalitat de Catalunya el cineasta Jordi Feliu. De este modo, el título del volumen pasó a ser el de la colección. Así se abrió la serie en 1983 con su primer volumen, coeditado ya con Editorial Mediterrània y Kapel, SA. Y se fueron sucediendo otros volúmenes que venían a llenar un vacío en los años ochenta. Todo tiene su historia y es bueno que alguien la cuente, sobre todo cuando confluyen, como sucede a menudo en Cataluña, la iniciativa privada y el apoyo institucional.

La importancia de dicha colección, que ha sido calificada como una especie de enciclopedia temática ilustrada sobre la historia, la cultura, el arte y el patrimonio nacional de Cataluña en general, deriva no sólo de sus títulos, sino sobre todo de sus autores, entre los cuales figuran los mejores especialistas en las diversas temáticas tratadas e ilustradas, tales como Joan Ainaud de Lasarte, Joaquim Molas, Xavier Barral, Francesc Gurri, J. B. Culla, Ernest Lluch, Carles Martínez Show, Emili Giralt, Avel·lí Artís Gener, Norbert Bilbeny, Lluís Domènech i Montaner, Pere Maragall, Marc-Aureli Vila, Santiago Alcolea, Miquel Batllori y Rosa M. Subirana, entre muchos otros. Algunos de sus volúmenes han merecido el reconocimiento de expertos extranjeros. Así lo escribía el malogrado Georges Duby, de la Académie Française, a propósito del volumen Tresors artístics catalans: "Ce livre rend un superbe hommage à l'exceptionnelle vitalité de la création artistique en pays catalan".

Sorprende que Ignacio Vidal-Folch escriba e incluya esa colección entre los "panfletos que edita esa administración". Cualquier país con un mínimo de autoestima y de voluntad de aportar conocimiento y cultura a sus gentes y al patrimonio universal, lo plasma y lo divulga también más allá de sus límites territoriales. Éste es el caso de la colección Som i Serem, con algunos de sus volúmenes traducidos al castellano, inglés y francés. Si alguien tiene la obligación de aportar medios para que ello sea posible son precisamente las instituciones, en colaboración con el sector privado. Si los grandes estados europeos así lo hacen en determinadas ocasiones, mucho más deberán hacerlo las instituciones públicas catalanas en nuestro mundo globalizado en el que las identidades culturales y lingüísticas de menor tamaño deben esforzarse no sólo para subsistir, sino para compartir el fruto de tanta creatividad del espíritu humano.

Forma parte de la política editorial de la Generalitat que aquellos materiales de interés más general sean editados ya sea por la empresa privada o bien en coedición con la Administración si ello favorece su difusión y el beneficio revierte mayormente en el coeditor privado. Ése es el caso de la colección Som i Serem, otra manera de dinamizar la edición en lengua catalana y el sector editorial privado que adolece de un mercado limitado como sucede en todos los países con territorio y población reducidos. El autor del mencionado artículo quizá hubiera tratado el tema de forma distinta si hubiera tenido en cuenta que se trata de una coedición. En efecto: la colección Som i Serem se realizó primero con laseditoriales ya mencionadas y desde 1993 con Editorial 92, S.A., (integrada recientemente en Grup 62) que asumió también en su momento la venta a crédito, previo concurso público.

Quizá alguien pueda no sentirse atraído e incluso disconforme con las técnicas o formas de comercialización o de venta a crédito de los grandes grupos editoriales del sector privado. Incluso estamos dispuestos a pedir excusas si por el hecho de tratarse de una coedición con la Generalitat de Catalunya, dichas técnicas de venta con las que trabajan diversas editoriales del sector, pueden haber inducido a confusión.

Para terminar, y también por motivos estrictamente institucionales, no podemos silenciar que tras afirmar que "se ha privatizado la Generalitat", el articulista escribe: "No sé si en Proa o en Columna sentará bien la fusión Generalitat-Edicions 62". Cuando los vocablos "privatización" y "fusión" están tan en boga en nuestro entorno socioeconómico, no vale atribuirlos subrepticiamente a actuaciones que nada tienen que ver ni con lo uno ni con lo otro. Tampoco nos parece admisible que se utilice a la Generalitat de Catalunya para enfrentar a editoriales tan acreditadas y que prestan un servicio tan decisivo a la cultura y literatura catalanas, editoriales éstas, como muchas otras, con las que las instituciones han coeditado o colaborado cuando las mismas lo han solicitado y ello ha sido posible.

No cabe duda de que la confusión y el descrédito no es la mejor manera de apoyar la necesaria colaboración entre el sector público y el privado precisamente en un país que necesita industrias culturales propias y prósperas que compitan limpiamente en función del mercado y del consumo cultural que tanto necesitamos. Como siempre, la última palabra la tiene el ciudadano.

Ricard Lobo i Gil es director general del Diari Oficial i de Publicacions de la Generalitat.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de abril de 2000