La Red de Juderías acepta en Tortosa su ampliación a dos ciudades cada dos años
La Red de Juderías de España Caminos de Sefarad, una asociación de municipios creada en 1995 con el objetivo de defender el patrimonio urbanístico, arquitectónico, histórico, artístico y cultural del legado sefardí en la Península Ibérica, ha aceptado ampliar el número de ciudades que la integran a un ritmo moderado de dos poblaciones cada dos años. Con esta decisión, tomada ayer en el marco de una asamblea general ordinaria celebrada en la población de Tortosa, los representantes del organismo responden a las solicitudes tramitadas por una quincena de capitales para incorporarse a la Red de Juderías, que en la actualidad está integrada por Cáceres, Córdoba, Girona, Hervás, Oviedo, Ribadavia, Segovia, Tudela, Toledo y Tortosa, ciudad esta última que preside la asociación desde el pasado 1 de enero. "Consideramos que es contraproducente ampliar la red demasiado, porque se perderían las ventajas que implica formar parte de ella; pero, siguiendo criterios de equilibrio territorial, creemos positiva cierta expansión progresiva encaminada a completar rutas turísticas", explicó ayer el presidente de la entidad y alcalde de Tortosa, Joan SabatéPrecisamente en el marco de la asamblea general de la red, Tortosa presentó un documento que recoge las líneas de actuación para recuperar y consolidar el conjunto patrimonial del barrio de Remolins, lugar donde antiguamente se ubicaba el barrio judío, una zona integrada por 25 calles, de 32.500 metros cuadrados de extensión, llamada a ser un futuro foco de atracción turística en la ciudad. Las actuaciones empezaron semanas atrás con una serie de prospecciones arqueológicas realizadas en el Portal dels Jueus, un elemento que aún se conserva a pesar de hallarse semienterrado. También está prevista la adecuación de la Torre del Célio y del paseo de ronda, del siglo XIV, así como del cementerio, situado posiblemente en el lugar donde en la actualidad hay un campo de fútbol.
Las actuaciones a largo plazo incluyen la habilitación de un centro de interpretación de la cultura hebrea en el edificio conocido como la sinagoga, un nombre que no responde a su uso si se tienen en cuenta los documentos conservados en el Archivo de las Tierras del Ebro, que acreditan su función de hospital y no de templo.


























































