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Jospin se pone a la defensiva en el Parlamento al asegurar que Francia tendrá "una sola voz" exterior

En una intervención parlamentaria marcadamente defensiva, el primer ministro francés, Lionel Jospin, rehuyó ayer tarde en la Asamblea Nacional (Parlamento) el debate sobre el límite de sus competencias en política exterior desatado tras sus polémicas declaraciones en Israel. Lejos de recrearse en sus pasadas manifestaciones o de responder por vía indirecta a las amonestaciones públicas del presidente Jacques Chirac, el primer ministro trató de erigirse en garante de la estabilidad institucional, ignorando el cambio introducido por él en una doctrina diplomática que parecía inmutable.

A preguntas de los agitados diputados de la derecha, Jospin aseguró que Francia "seguirá hablando con una única voz" en política exterior, particularmente, dijo, durante la presidencia francesa de la Unión Europea (UE), que se iniciará en el segundo semestre de este año.Ni en una sola ocasión pronunció la palabra "terrorismo", término que días atrás aplicó a Hezbolá y que dio origen a la polémica, a la reprimenda del presidente y a las airadas manifestaciones de estos días en tierra palestina. A título preventivo, para demostrar que estaba dispuesto a ir mucho más lejos en la pelea si la situación lo requería, Jospin aludió, sin citar al interesado, a las conflictivas cohabitaciones del entonces primer ministro Jacques Chirac con François Mitterrand. "Esto es muy poco en comparación con lo de aquellas fechas", afirmó.

Arropado por el conjunto de una "izquierda plural" muy consciente ayer del alto riesgo que entrañaba el debate, el jefe de Gobierno evitó adentrarse en el terreno minado de la obligada concertación con la presidencia de la República y se aplicó a la tarea de reducir los daños.

División en la derecha

Puede decirse que salió relativamente bien librado, si bien la derecha, algo dividida por aquello de que los liberales comparten al menos el fondo de las declaraciones de Jospin en Oriente Próximo, tampoco brilló con la fuerza dialéctica que se le presumía en una ocasión inmejorable.

El ex primer ministro Alain Juppé, fiel colaborador de Jacques Chirac, pareció embridado por el temor a cargar más la mano sobre un jefe de Gobierno hostigado y agredido en Bir-Zeit, a dar la razón a las viñetas de los periódicos que presentan al presidente de la República como uno más de los palestinos radicales que apedrearon a Jospin. "Me pregunto si el cambio de discurso de la posición francesa en Oriente Próximo no es un paso atrás que nos priva de toda credibilidad", indicó en una intervención compuesta más por interrogantes que por aseveraciones.

En el caso de Alain Juppé, la jornada no se prestaba tampoco a muchas alegrías porque precisamente ayer los jueces le rechazaron una serie de recursos en el proceso que le implica en el escándalo de los empleos ficticios. Tras su intervención, el antecesor de Jospin fue ovacionado efusivamente por sus compañeros, puestos en pie, como si su pieza oratoria le hubiera abierto automáticamente la vía de su rehabilitación, pero todo pareció preparado, pura gesticulación.

Lionel Jospin tuvo buen cuidado en negar que Francia "haya sido humillada" en tierras palestinas y hasta se permitió el lujo de pasar al contraataque. "Francia no ha sido humillada, no sólo porque me comporté de manera digna frente a la violencia, sino también porque suponer eso es dar la razón a aquellos que me apedrearon. No permanezcan silenciosos ante la violencia, porque la violencia es el peor enemigo de la paz", añadió, para justificar así su iniciativa en el terreno diplomático. Según él, su comportamiento en su visita al Oriente Próximo estuvo marcada por el propósito de denunciar "el encadenamiento deliberado de la violencia" que obstaculiza el proceso de paz.

La impresión de que la cohabitación política entre Jospin y Chirac difícilmente aguantará dos años más quedó flotando en la sala al término del debate. Sea como fuera, el aniversario de los mil días "gloriosos" de Gobierno de la "izquierda plural" llega con un Lionel Jospin a la defensiva.

Como reflejo de la confusión reinante en los medios políticos y diplomáticos, cinco embajadores de países árabes (Egipto, Líbano, Siria, Quatar y Túnez) en París han solicitado al ministro de Exteriores, Huvert Védrine, un encuentro para que aclare la posición de Francia en el conflicto de Oriente Próximo. De acuerdo con la primera encuesta realizada tras el viaje de Jospin, el 53% de los franceses cree que éste se equivocó al calificar de terrorismo la acciones de Hezbolá.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de marzo de 2000

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