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Trabajo diseña un plan para que los médicos detecten enfermedades profesionales que pasan por comunes

El Departamento de Trabajo ha elaborado un planpara que los médicos de atención primaria de Osakidetza detecten las enfermedades laborales que sufren algunos de sus pacientes y que ahora son diagnosticadas como comunes por falta de información, con lo que el sistema público tiene que hacerse cargo de todos los gastos derivados de su tratamiento cuando en realidad tienen que ser las mutuas de trabajo las que deben correr con este desembolso. Una red de médicos vigía (ubicados en consultas estratégicas) pondrá en marcha la experiencia piloto.

La comisión de Trabajo del Parlamento trató ayer la siniestralidad laboral, un fenómeno que en las últimas semanas ha alterado a la ciudadanía por la sucesión de accidentes mortales. Los consejeros de Trabajo y de Sanidad, Sabin Intxaurraga y Gabriel Inclán, respectivamente, comparecieron para explicar lo que están haciendo sus departamentos en materia de seguridad y salud laboral.Intxaurraga precisó que, aunque el año pasado los accidentes creciesen un 5% en relación a 1998, hablando en términos absolutos en realidad el número de percances por cada mil trabajadores ha bajado. "Hay que tener en cuenta", señaló el titulra de Trabajo, "que la gente ocupada ha ido en aumento. Mientras en 1998 se produjeron 75,30 accidentes por cada mil trabajadores, esta cifra fue de 75,23 siniestros en 1999".

Intxaurraga acudió a la comisión acompañado por el director general de Osalan, Juan Carlos Coto, quien hizo hincapié en la problemática relacionada con las enfermedades profesionales. "La patología laboral es la hermanita pobre del accidente de trabajo. Los siniestros son la punta del iceberg, mientras que las enfermedades profesionales representan el grueso del iceberg que está sumergido. Trabajo va a dedicar más recursos para evidenciar esta realidad y poner medidas preventivas", dijo.

Coto detalló a EL PAÍS el plan que va a poner en marcha Osalan para que afloren estas enfermedades que ahora son tratadas como comunes por los médicos. "Si un albañil acude a un médico a que le cure una dermatitis [inflamación de piel], pero no le dice cuál es su profesión, el doctor diagnosticará esa dermatitis como una enfermedad común. Sin embargo, esa dermatitis está producida por el reiterado contacto con el cemento, lo que provoca una alergia al paciente y, por lo tanto, se trata de una enfermedad profesional".

"Un equipo de médicos vigía", añadió, "hará de filtro y cuando tenga sospechas de que determinados pacientes que ven en sus consultas diariamente sufren una enfermedad de origen profesional hará una historia clínica laboral de la ocupación de ese trabajador". Según Coto, si las enfermedades no están catalogadas como profesionales no se pueden estudiar sus causas y, por lo tanto, no se pueden prevenir.

En esta línea, abogó porque el Ministerio de Trabajo amplíe el cuadro de enfermedades profesionales, que permanece casi inalterable desde que se publicó en 1978. "Está comprobado que determinadas patologías son como consecuencia de la exposición a unos riesgos. Los docentes tienen que elevar la voz, por lo que surge un problema con las cuerdas vocales. La violencia en las aulas y la incomprensión de los alumnos crea en los profesores patologías mentales, como el estrés o la depresión". Este tipo de enfermedades no están recogidas en el cuadro del ministerio.

En el caso de que una patología tenga su origen en un trabajo las mutuas laborales son las que tienen que costear el tratamiento del paciente. Pero mientras no se definan así, el sistema público corre con el gasto. Además, la Seguridad Social paga el 100% del sueldo a una persona que sufra una incapacidad laboral derivada de una enfermedad profesional. Si la patología no se califica como profesional no hay derecho a ese dinero. Por ejemplo, la rehabilitación en el caso de un profesor con disfonía no la paga ni la mutua ni Osakidetza, ya que no ofrece esta prestación. En 1999, se notificaron 1.705 enfermedades de origen profesional.

Mientras tanto, 118 instituciones y sociedades públicas siguen sin presentar el obligatorio plan de prevención de riesgos laborales, algo que tenían que haber hecho a mediados del año pasado.

La sucesión de accidentes mortales continuó esta semana en Navarra. Un hombre de 44 años y vecino de la localidad de Tabar murió el martes al quedar atrapado bajo el tractor que conducía. El percance laboral ocurrió cuando volcó el vehículo agrícola y su conductor quedó atrapado bajo las ruedas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de febrero de 2000

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