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Japón eleva de 126 a 439 la cifra de irradiados en Tokaimura

El número de afectados por el accidente de la fábrica de combustible nuclear japonesa de Tokaimura, del 30 de septiembre del año pasado, es de 439, según el Ministerio para la Ciencia y la Tecnología nipón. Esta cifra multiplica por 3,5 la de 126 personas contaminadas que el Gobierno asiático había reconocido hasta la fecha. La radiación se produjo en la fabricación de uranio enriquecido para centrales nucleares. Uno de los empleados de la fábrica, Hisashi Ouchi, de 35 años, murió el 21 de diciembre como consecuencia de los niveles de radiación recibida. Ésta superó los 17.000 milisieverts, 17.000 veces la cantidad a la que normalmente está expuesta una persona a lo largo de un año. Un portavoz del Gobierno japonés explicó que tan sólo tres de los afectados -Ouchi y dos compañeros suyos de trabajo que se encuentran gravemente enfermos- sufrieron una radiación superior a los 50 milisieverts, cantidad que puede presentar riesgos para la salud. Se considera mortal una radiación que supere los 7.000 milisieverts.

Aproximadamente, la mitad de los afectados son habitantes de zonas próximas a la fábrica; unos 150 son trabajadores de la misma y el resto de los contaminados (unos 70) son especialistas que acudieron para detener la fuga provocada por el accidente. Las autoridades japonesas han puesto en marcha un plan de chequeos médicos anuales y de apoyo psicológico para los vecinos.

Según el Organismo Internacional para la Energía Atómica dependiente de la ONU, este accidente es el tercero en gravedad de la historia de la energía nuclear, después del de Chernóbil (Ucrania) de 1986 y el de la central estadounidense de Three Mile Island en 1979.

Normas ilegales

La empresa JCO, que explotaba la planta de tratamiento de uranio de Tokaimura, una ciudad de 35.000 habitantes a 120 kilómetros de Tokio, reconoció tras el incidente que durante cuatro años había trabajado con unas "normas que no cumplían con la obligaciones legales". Según admitió un portavoz de la compañía, se había cambiado un procedimiento de manipulación del uranio enriquecido sin informar de ello al Gobierno. La fábrica decidió utilizar contenedores de acero inoxidable de 10 litros sin el visto bueno de las autoridades. Como reconoció el ejecutivo de JCO, "cuando se mezcla el óxido de nitrógeno con el uranio enriquecido en un recipiente de acero inoxidable se produce un gas tóxico y se crean problemas de seguridad".

El portavoz añadió que por ello "aunque la compañía hubiera presentado una solicitud de revisión del manual de operaciones, no se hubiera aprobado". Además, ninguno de los tres operarios que recibieron dosis altas de radiación tenía experiencia en el manejo de este tipo de contenedores ni de uranio enriquecido al 18,8%, un producto "especialmente rico, activo y peligroso".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000