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Expulsado cada año un 10% de "ilegales"

El Reino Unido recibe al año cerca de 70.000 inmigrantes, de los cuales unos 7.000 suelen ser devueltos a sus países de origen porque su solicitud de asilo ocultaba en realidad la falta de empleo en su propia tierra. Tanto éstos como los que piden refugio por motivos políticos, o de persecución religiosa y racista, quedan a disposición de las autoridades locales. Si tienen familia o amigos en territorio británico, se les permite residir con ellos mientras se aclara su situación. De no ser así, ocupan hostales o inmuebles propiedad de los municipios donde son acomodados. Un 1% espera una respuesta recluido en centros de retención. Para evitar estancias prolongadas, el Ministerio de Interior ha reclutado más personal, que debe resolver los casos en un máximo de seis meses (ahora se tarda casi dos años y hay 100.000 expedientes en lista de espera).Los disturbios registrados el verano pasado en Dover, el principal puerto británico de entrada de ilegales, han llevado al Gobierno ha dispersarles por todo el país. Interior se encargará también en breve de gestionar los trámites burocráticos derivados de su estancia. Tanto los subsidios sociales que reciben mientras esperan una respuesta gubernamental como la atención sanitaria o la escolarización de sus hijos dependerán de dicho departamento. En lugar de dinero, sin embargo, recibirán bonos para intercambiar por ropa o alimentos en tiendas especializadas. Con ello, el Gobierno trata de demostrar a los inmigrantes que el Reino Unido no es un paraíso social.

"De lo que no tenemos cifras fiables el del número real de extranjeros considerados inmigrantes ilegales y que, en lugar de regresar a su tierra, pasan a la clandestinidad para no ser expulsados del Reino Unido", señalan en Interior.

Polonia y la República Checa son algunos de los países que más inmigrantes laborales registran. Los que llegan de Kosovo, Afganistán, Burundi, Irán e Irak tienen más posibilidades de obtener un permiso de residencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de enero de 2000