DESASTRES EN EUROPA

Un petrolero de bandera rusa se parte en dos cerca de las costas de Estambul

Las autoridades turcas habían prohibido la navegación de petroleros el viernes y el sábado en el estrecho del Bósforo, una de las rutas marítimas más concurridas del planeta, por temor al efecto 2000, pero la fatalidad se adelantó 48 horas. El petrolero de bandera rusa Volganeft 248 se partió en dos a primera hora de la madrugada de ayer tras haber encallado en aguas del Mármara, frente a las costas de Estambul, con más de 4.000 toneladas de fuel en sus depósitos.

Empujada por el fuerte viento reinante, la mancha de fuel se extendió por el mar de Mármara después de que el petrolero ruso perdiera el control en la bahía de Kucukcekmece, a unos 100 metros de la orilla, cerca del distrito de Bakirkoy, en la orilla europea de Estambul.El profesor Bayrum Ozturk, del Instituto de Investigación Marítima, calificó el vertido de fuel "una grave amenaza para toda la franja costera". "No hay posibilidad de que la vida en aquella zona de unos cinco o seis kilómetros de largo sobreviva a tanta contaminación", dijo.

El ministro ruso de Transportes, Serguéi Palikov, precisó que los depósitos del Volganeft 248 tienen capacidad para 4.300 toneladas de fuel, aunque aseguró que sólo se habían derramado 800 toneladas de su carga.

Por su parte, el subdirector de Seguridad Costera de Turquía, Ohran Barda, afirmó que en el momento de producirse el naufragio solo había 1.039 toneladas de fuel en el buque.

Mientras tanto, los equipos de rescate marítimo lograron rescatar a los 17 miembros de la tripulación que permanecían atrapados en el buque. El Volganeft 248, que transportaba el fuel desde Bulgaria, se dirigía hacia el puerto de Ambarli de Estambul.

Naufragio en el Atlántico

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Entretanto, la marea negra desatada por el naufragio del petrolero Erika continúa marchando hacia el sur y amenaza ahora el estuario del Loira, una zona de alto valor ecológico, punto de concentración de las aves migratorias. Para los habitantes de la Vendée, la esperanza, alimentada por la interrupción del viento, reside ahora en que las capas de fuel sean arrastradas por las corrientes y pasen de largo sin llegar a tocar sus costas. Por si acaso, el estuario ha sido cercado con tres barreras flotantes. Una de ellas, de 150 metros de longitud, ha sido instalada por la central térmica EDF de Cordemais para evitar que el fuel, sumamente denso, se infiltre y bloquee sus canales de refrigeración en el Loira.

Sobre la base teórica de que las corrientes son más poderosas que el viento, los expertos de Méteo France supusieron días atrás que la marea negra afectaría sólo relativamente a Francia y terminaría, en todo caso, ya muy fragmentada, en la costa española. Esas previsiones fracasaron rotundamente a causa de los vientos huracanados que han soplado de Oeste a Este empujando el fuel hacia el litoral francés.

A los miles de personas que trabajan limpiando las playas se unieron ayer 2.000 voluntarios de Cruz Roja, mientras el robot submarino Abyssub, el mismo que inspeccionó las bodegas del Titanic, fue embarcado ayer de Bayona para que dé cuenta de la posibilidad de extraer las 30.000 toneladas de fuel que el Erika, hundido a 120 metros de profundidad, guarda todavía en sus tanques.

Las críticas a Total Fina, la compañía francesa fletadora del petrolero de bandera maltesa, suben de tono, así como la exigencia de que impida la entrada en aguas europeas de los petroleros que utilizan pabellones de conveniencia para soslayar sus responsabilidades.

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