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La armonía de las aves y las máquinas

Haga un esfuerzo de imaginación; póngase usted en las plumas de un buitre leonado, uno de tantos que atraviesan el Estrecho cada año, enfrentándose, entre otros peligros, a la posibilidad de chocar contra las aspas de los aerogeneradores del Campo de Gibraltar. Sepa que en esta comarca, cada año mueren entre 40 y 50 buitres, destrozados por las palas de los molinos. Y ahora, alégrese. Daniel Torres, un inventor de Nerja (Málaga), ha desarrollado un nuevo modelo de generador eólico, que, según dice, es muy eficiente desde el punto de vista energético y completamente inofensivo para las aves.Es inofensivo porque, para empezar, no tiene piezas giratorias externas con las que los buitres puedan estrellarse. Todo sucede en el interior de la máquina. Y, a diferencia de los generadores tradicionales, no necesita emplazarse en las zonas más ventosas, porque es capaz de aprovechar las brisas más débiles, con velocidades desde 1,08 kilómetros por hora, sin que se reduzca su rendimiento.

"El principio de funcionamiento de los aerogeneradores que se utilizan ahora en Tarifa, por ejemplo, es el mismo del de los molinos de viento a los que se enfrentaba Don Quijote", explica Daniel Torres con convencimiento, "el mismo que mueve los molinos chinos desde hace miles de años". Y concluye: "Los generadores actuales ya han llegado a su techo máximo de potencia eléctrica por unidad".

Hacía falta cambiar de concepto, y eso es lo que hizo Torres, que se ha pasado buena parte de sus 35 años estudiando física por su cuenta, pero que no tiene títulos universitarios. Hasta ahora, cuenta, ha trabajado sobre todo en la construcción y en el campo. La idea del generador le vino de un sistema que, originalmente, se empleaba para obtener un efecto similar al de un turbocompresor en las motocicletas. Según avanzaba la moto, el aire entraba por un tubo con cierta presión; esta presión se modificaba en función de las variaciones de diámetro del tubo.

Siguiendo el mismo principio, Torres habilitó un mecanismo que toma el aire, lo encarrila por un conducto de diámetro variable, le confiere mayor velocidad, y acaba aprovechándolo para accionar una turbina a gas. Según explica el inventor, no necesita sistemas de regulación, no produce casi ruido -otra de las desventajas de los molinos actuales es la contaminación acústica que generan- y, convenientemente dimensionado, "podría sustituir sin problemas a un parque éolico completo, ocupando mucho menos espacio y eliminando muchos problemas".

Por ahora, Torres dispone de un prototipo de tamaño medio, que está acabándose en un taller de Vélez-Málaga, y que sólo necesita dos o tres semanas más de trabajo, y una pequeña inversión de dos millones de pesetas, para comenzar a funcionar. El inventor ha contado con el apoyo de un ingeniero eléctrico especialista en automatismos, el vallisoletano José Luis Ribas. "Desde el punto de vista teórico, es impecable", señala Ribas. "Sólo falta ponerlo efectivamente en marcha".

Torres ha contactado con Greenpeace para hacerles partícipes de su trabajo. Le han comunicado que los responsables del departamento de energía están estudiando su proyecto. También ha hablado con representantes de la Federación Andaluza de Asociaciones de Defensa de la Naturaleza (FAADN), que le dieron la idea de recabar fondos europeos para terminar su generador. El inventor no tiene dudas al respecto. "Dos millones es dinero, pero la máquina lo vale con creces". Reflexiona un segundo y acaba: "Podríamos dar energía sin límites".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de diciembre de 1999

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