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Crítica:CLÁSICA

Mutter triunfa con Mozart y Penderecki

El Instituto Musical Curtis, de Filadelfia, creado en 1924 con la asesoría de Leopoldo Stokowski, celebra sus bodas de diamante. Y entre las actividades conmemorativas ha incluido una gira europea de su Orquesta Sinfónica, dirigida por André Previn, americano nacido en Berlín en 1939, en la que colabora la gran violinista Anne-Sophie Mutter (Rheinfelden, 1963), poco más que treintañera y ya un mito consolidado.La increíble Mutter es una violinista y una música de cuerpo entero. Sus dones se equilibran con su saber y su técnica virtuosista y todo ello circula por el cauce de una comunicación afectiva de gran emoción y veracidad deslumbrante. Tras el Concierto en sol mayor, expuesto y enaltecido -o sea, interpretado con amor y fidelidad- por la Mutter de una forma admirable y aleccionadora, escuchamos el Concierto nº 2, Metamorphosen, escrito para ella -en 1995- por Krystof Penderecki, cabeza representativa de la contemporaneidad musical. Obra enormemente difícil, pero de un lirismo sustancial, es a la vez una prueba virtuosística, si bien el compositor, como su intérprete, sirven en todo momento a ideas musicales. Partitura también de gran protagonismo para la orquesta y el director, la hemos escuchado esta vez en versión que parece insuperable. Penderecki nos descubre largos pasajes de absoluta e interiorizada hermosura y su pensamiento llega inmediatamente a la audiencia.

Ciclo Ibermúsica

Orquestas del Mundo. Sinfónica del Instituto Curtis, de Filadelfia. Director: A. Previn; solista: A. S. Mutter, violinista. Auditorio Nacional. Madrid, 14 de noviembre.

También el director André Previn (transformación de su nombre germano Andreas Ludwig Priwin), de tan amplia formación y plurales posibilidades, constituye un buen ejemplo de profesionalidad seria y sensibilidad abierta a toda incitación. Su trabajo en Penderecki fue de primer orden, nivel que mantuvo su colaboración con la solista en Mozart o su vivísima, feliz, matizada y perfectamente articulada exposición de la Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, primera del tríptico que corona la creación sinfónica del salzburgués. La admiración se agranda ante el hecho de que la orquesta es, en definitiva, una formación de alumnos que se comportan como avezados profesores. Están seleccionados entre el centenar de instrumentistas de una edad que no baja de los 14 ni excede de los 24 años, y nos habla, por sí misma, de las excelencias del Instituto Curtis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de noviembre de 1999