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El chino Cai 'reinventa' la pólvora

Otro de los grandes atractivos de la temporada artística vienesa es el chino Cai Guo-qiang, que el sábado elevó un efímero dragón de humo por encima de las antiguas caballerizas imperiales de Viena. El artista, ganador del primer premio de la Bienal de Venecia, expone estos días su primera muestra monográfica en Europa invitado por el Kunsthalle de Viena. Su acción del sábado fue preparada previamente con un largo cable con explosivos, que extendió sobre tres grúas que se encuentran en este recinto de pabellones barrocos, actualmente en construcción para dar cabida en el futuro a un nuevo centro de museos.Un centenar de personas se reunieron a la intemperie para presenciar el nacimiento y la muerte del dragón. Fue cuestión de segundos: una explosión, una línea de fuegos de artificio, unos humos, olor a pólvora y basta.

Este momento pasajero, que quedará registrado en vídeo y formará parte de la exposición, es el Proyecto número 32 para extraterrestres, llamado así porque es un espectáculo que también pueden apreciar desde lo alto los habitantes de otras órbitas, dice en broma este hombre de 42 años que, según sus palabras, "de niño sufría por no poder viajar al espacio" y se le ocurrían "salvajes fantasías".

Con sus actos pirotécnicos de extrema sencillez, el artista chino residente en Nueva York plantea el deseo de disolverse en el universo, "la añoranza de lo inmaterial y la inmortalidad, algo así como un romanticismo asiático". Prepara los dispositivos técnicos con precisión para luego entregarse al incontrolable azar de los fenómenos naturales. "La naturaleza es mi lienzo; sin determinarlo todo, quiero dibujar en el cielo o en el suelo", afirma.

Cai Guo-qiang, situado entre los polos culturales de Oriente y Occidente, entre la identidad global e individual, reinventa la pólvora como medio de expresión y recuerda que "los fuegos de artificio son parte de nuestro orgullo cultural. La pólvora fue inventada por alquimistas que buscaban un remedio para prolongar la vida, y hoy sirve para destruirla. En ese sentido, refleja la historia de la humanidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de noviembre de 1999