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Tribuna:

La petición

La decisión de la Audiencia Provincial de Córdoba de solicitar un indulto, después de condenar a siete años de prisión al padre de un menor de cuatro años porque le penetró analmente, ha provocado indignación en amplios sectores de la sociedad, que no entienden cómo los jueces pueden pedir el indulto para un padre que agrede sexualmente a su hijo.Si se dejan al margen manifestaciones tan lamentables como las del consejero de Asuntos Sociales, que pretende recurrir una sentencia en la que no ha sido parte, o las de autodefensa del ponente de la sentencia que nos recomienda su lectura, y se analizan las razones de la petición, puede que se empiecen a comprender otras cuestiones.

Bien familiar, conducta, armonía y perdón de la familia, han sido las circunstancias que impulsan el indulto. Ninguno de los argumentos determinantes de esta generosidad hace referencia al menor. Nada se dice sobre cómo puede ser la vida de este niño cuando le digan "a ducharse" o qué pensará cuando sepa que ha sido violado por su padre y unos jueces quieren perdonar un delito que no han sufrido en su familia, que no han soportado sus hijos.

Posiblemente aquí pueda encontrarse una de las causas del desprestigio de la Justicia. Los ciudadanos observan que se ha aplicado la Ley y se ha condenado por un delito, lo que no es sino respetar la dignidad y los derechos del niño. Y, al mismo tiempo, observan que el peculiar modo de entender lo que es la familia de estos jueces puede servir de excusa para dejar sin respuesta penal el bien del menor dañado y la justicia alcanzada con la sentencia, cuando para la Ley es irrelevante este modo peculiar de entender lo que es una familia.

Puede que, mañana o pasado, este padre sea declarado inocente. Será el Tribunal Supremo quien decida y todos nos alegraremos, especialmente su hijo. Entretanto, el concepto de familia de cada juez no debería influir en la petición de indultos para delitos tan repugnantes. Existen casos en los que las penas que se imponen son legales y desproporcionadas sin que los jueces propongan el indulto de los condenados ni les preocupe demasiado el cumplimiento de las condenas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de octubre de 1999