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Entrevista:

"Soy un espíritu anarquista cien por cien"

"El artista que administra mal su propia libertad de expresión acaba siendo prisionero de sí mismo". Con esta frase, que Modest Cuixart (Barcelona, 1925) ha escrito en la libreta de la entrevistadora, el pintor catalán, miembro del mítico grupo Dau al Set, en el que militó junto a Tàpies, Pont y Tarrats, resume su filosofía de la vida y del arte, que para él son, por supuesto, la misma cosa. A partir del 27 de octubre expone medio centenar de obras de última hora en la galería Alfama.Pregunta. ¿Es usted un poeta? Viendo sus obras cabría pensarlo.

Respuesta. Todo pintor tiene algo de poeta, algo de músico y algo de filósofo. Si yo pinto es porque tengo una predisposición natural hacia el color y la forma.

P. Hay quien dice que los pintores ven más colores que el resto de la gente. ¿Usted lo cree?

R. En todo caso hacemos una selección de color.

P. ¿Es verdad que todos podríamos ser artistas si nos prepararan para ello desde niños?

R. Voy a contestar con una frase clásica: el artista nace y se hace. Pero hay gente que se cree artista y no lo es, aunque ejerce como artista. Hay artistas plásticos en cuya obra el color no interviene para nada. Para mí, ésos no son artistas pintores, son otro tipo de artistas, malabaristas del arte, por ejemplo. Sus experimentos provienen del Dadá, del mundo de la decoración, del escaparatismo, del épater le bourgeois. Pero hoy ya no epatan a nadie.

P. Usted ha sido informalista, ha sido abstracto... En algunos casos fue un verdadero pionero.

R. Sí, fui uno de los primeros que en este país hice lo de las muñecas pegadas, los tubos, el zapato... Y la gente decía: "Éste hombre, ¿dónde va?". Pero después de todo tipo de experiencias concluyo que lo que todavía hoy puede contar nuestro mundo plásticamente es la pintura.

P. ¿Se siente, como dicen los críticos, un barroco?

R. A veces me siento totalmente barroco y a veces me siento profundamente clásico. De Picasso podríamos decir que es barroco, pero lo que predomina en su obra es el profundo concepto de unidad. La unidad dentro de la diversidad, que es algo muy diferente del artista que es uniformista. El uniformista pinta siempre el mismo cuadro. Entonces hay quien dice: "Caramba, qué hombre más consecuente". Pero, al cabo de los años, una de dos: o se ha vuelto un fabricante de cuadros al servicio de la especulación o es que se le ha agotado la creatividad.

P. ¿Como a quién, por ejemplo?

R. Miró, del que soy un gran admirador, hubiera hecho muy bien si en los quince últimos años de su vida, en lugar de pintar, se hubiera dedicado, por ejemplo, a escribir sus memorias. Y repito que le admiro muchísimo y que para mí es uno de los paisajistas contemporáneos más inéditos.

P. Bueno, pero el caso es que delante de un Miró todo el mundo dice: "Esto es un Miró". ¿Delante de un cuadro suyo alguien puede decir "esto es un Cuixart"?

R. Yo creo que sí. Yo pretendo, haciendo un juego con mi nombre, modestamente, que mi obra tiene una unidad dentro de la diversidad.

P. ¿Podría elegir una obra suya que le representara, del mismo modo que Las meninas sirven para identificar a Velázquez?

R. A lo mejor, tampoco Velázquez hubiera podido elegir una obra suya. Los artistas somos como los padres. Si te sale un cuadro con el síndrome de Down, pues lo quieres lo mismo, aunque en tu fuero interno pienses, bueno, pues no acerté.

P. ¿Es capaz de señalar sus virtudes como si hablara de otro?

R. Creo que mi virtud es la autenticidad, y lo digo a sabiendas de que hay muchos artistas muy auténticos y muy malos. Pero lo que me caracteriza por encima de todo es mi espíritu anarquista cien por cien

P. A mí, sus obras me resultan inquietantes. No estoy segura de que pudiera convivir con alguno de sus cuadros.

R. Me agrada sobremanera escuchar eso, porque el elemento inquietante es básico en el arte. Es innato en mí provocar esa inquietud.

P. Pero eso significa que algo le inquieta a usted...

R. Me inquieta el ser humano. Yo y el otro.

P. ¿Hay algún tipo de arte que no entienda?

R. No entiendo que se considere arte una lata de sardinas rellena de excrementos. Eso ni es arte ni es inquietante. Es una guarrada.

P. O sea, que los artistas tienen que crear belleza...

R. Estar en contra de la belleza es una moda vieja, aunque para algunos siga vigente. Todo el misterio consiste en ver qué es lo que se considera bello. Si lo bello es la pintura pompier, por ejemplo, el concepto de belleza no me vale. Pero si ponemos el punto de belleza en Mantegna, en Velázquez o en Caravaggio, la cosa cambia. ¿No le parece?

P. ¿El arte es o debe ser revolucionario?

R. En el sentido contemporáneo de revolución, no. En absoluto. En arte, lo revolucionario es pintar como Picasso o como Goya. La revolución política no es misión de los artistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de octubre de 1999

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