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El PP quiere pasar la página de la resistencia y ocupar el centro para crecer El IX Congreso ratifica a Iturgaiz y lanza al alcalde de Vitoria

El PP está decidido a abrirse más a la sociedad y pasar de una época de resistencia a otra de expansión interna y externa. Los discursos de los principales dirigentes autonómicos, que clausuraron ayer el IX Congreso Regional, celebrado en Vitoria, pidiendo a la militancia que se convierta en un agente activo del nuevo proyecto popular, fueron avalados por el ministro del Interior y presidente de honor del partido, Jaime Mayor Oreja: "No estamos aquí sólo para hacer críticas del precio político que quieren que paguemos por la paz, sino para, a partir de ahora, hacer un esfuerzo por acercarnos a quienes no piensan como nosotros".

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Los populares han llegado al congreso en un momento que califican de histórico. Después de varios años de tremenda presión por parte de ETA, han obtenido unos buenos resultados electorales en los dos últimos comicios, hasta el punto de propiciar el cambio político que les ha llevado al poder en Álava. Sin embargo ese cambio les ha llegado con una estructura preparada para resistir, pero no para rellenar todos los espacios del poder. Sin cuadros cualificados para completar los equipos de gobierno, en Álava han tenido que echar mano de independientes, e incluso de un ex diputado de Hacienda del PNV, Juan Carlos Peral, que ahora trabaja directamente con el diputado general del PP, Ramón Rabanera. Esta estrategia de apertura a independientes mejora la imagen pública del partido, al trasmitir un mensaje abierto y no sectario, pero encontraría graves dificultades para aplicarse al conjunto del País Vasco. En ese contexto, el viaje al centro que el partido se plantea a nivel nacional ha llegado también al País Vasco, como una fórmula para crecer y afrontar el reto de convertirse en la alternativa al PNV. Los 360 compromisarios reunidos ayer en Vitoria respondieron al proyecto como una piña. La afirmación repetida por el presidente, Carlos Iturgaiz, y por el secretario general nacional, Javier Arenas, de que los populares formar un grupo político "coherente y unido" se cumpió a rajatabla. No hubo disidencia. Tampoco debate. Ofensiva política La nueva estructura directiva del PP tras el congreso regional recupera la figura del portavoz, que estaba vacante desde el asesinato de de Gregorio Ordóñez, el 23 de enero de 1995 y que, como estaba anunciado, recayó en el presidente de Vizcaya, Leopoldo Barreda. El PP quiere convertirse en alternativa de poder a todos los niveles. Va a aprovechar el ascendente de sus alcaldes para con la ciudadanía, y además va a recuperar a figuras que se han quedado descolgadas del partido para trabajar en el diseño de una verdadera ofensiva política hasta las próximas elecciones autonómicas del año 2002. "Se trata de una nueva estructura que haga frente a los nuevos tiempos, se trata de dotar de nuevos contenidos a los cuadros del partido, para ser la alternativa al PNV", explicó Carlos Iturgaiz. Respecto a la posibilidad de ganar en la batalla autonómica,también lo tenía muy claro el presidente de Honor Jaime Mayor Oreja: "Esto no es una utopía, es más debe de ser una realidad". El PP se va a volcar en atraer nacionalismo más moderado con un discurso "en positivo", según dijo Carlos Iturgaiz, aprovechando que en Álava "vamos a demostrar día a día que gobernamos para todos". La presencia del ministro del Interior y del secretario general del partido es una confirmación más de que los populares van a utilizar el eje Madrid-Vitoria como puente para intentar llegar al Gobierno vasco. Más inversiones públicas procedentes de Madrid, menos conflictividad -como la retirada de algunos recursos a los incentivos fiscales, confirmada el mismo dío que el lehendakari viajó a entrevistarse con el presidente del Gobierno- y el desembarco de un nuevo discurso basado en proyectos concretos y soluciones a los problemas sociales y económicos, serán las nuevas armas políticas del PP. Pero sin abandonar lo que denominan su "proyecto de firmeza y regeneración democrática", y sin ceder ni un milímetro a la posibilidad de dialogar con HB. "No podemos hacer tabla rasa de la pluralidad", señaló Iturgaiz a los 360 compromisarios, "pero tampoco vamos a pagar por la paz más de lo que ya hemos pagado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de octubre de 1999