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CARTAS AL DIRECTOR

Incendio de Abantos

Después de la tragedia que supone un incendio, lo sencillo es subirse a un helicóptero y desde el aire, con gesto magnánimo, prometer muchos millones para reparar el desastre. Pero la memoria es corta y los 50 años que necesitará el monte Abantos de San Lorenzo de El Escorial para recuperarse son su peor condena.También es fácil acusar a un supuesto excursionista irresponsable (que no encontró un sitio mejor para comerse el bocata que un zarzal, curioso) del fuego y justo dos días después de otros dos incendios en las cercanías del pueblo. Claro que el Seprona no sospecha nada. ¡Ah, se me olvidaba! Estarían ocupados con sus motos haciendo trial. (Todo esto lo digo porque lo he visto y por lo que he comprobado trabajando como periodista para un medio local).

Vuelve a ser la estrategia de siempre: echar balones fuera, no asumir responsabilidades y ofrecer respuestas no válidas. Digámoslo claramente: la responsabilidad directa del desastre es del alcalde de San Lorenzo de El Escorial, don José Fernández Quejo, y de la corporación municipal en pleno, por no asumir las más indispensables medidas de prevención en un entorno plagado literalmente de árboles y de altísimo riesgo.

Sencillamente, no hacen nada en cuanto al cuidado del monte, excepto operaciones de maquillaje. Por supuesto, responsable directo también es don Carlos Mayor Oreja y la Consejería de Medio Ambiente, por su absoluta ineptitud en política forestal. Y cómo no, claro, la rapiña inmobiliaria que va a convertir todo el país en un auténtico horror. Y para que no me acusen de partidista, de todos los grupos políticos del Ayuntamiento, que sólo entienden este desastre como motivo de ataque personal contra el alcalde, limitándose a constatar la evidencia sin proponer nada desde la oposición para remediarlo.

El Abantos es un monte condenado, pero no por el fuego, sino por la desidia, la ineficacia y por intereses ocultos que lo dejan morir lentamente atacado por infinidad de plagas (escolítidos, procesionaria, etcétera) y que con los años lo convertirán en suelo ¿urbanizable?-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 1999